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El Otro Lado del Mar

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El Otro Lado del Mar

Mensaje por False King el Sáb Abr 19, 2014 4:44 pm

El Otro Lado del Mar



Así fueron apodadas por el Continente del Este a las tierras ubicadas en el hemisferio Este. Constando de cuatro tierras con diversidades culturales, y que en su tiempo representaron una fuerza que si bien no estaba unida, demostraban que podían dominar lo que deseasen desde el poder militar y religioso.

Gard, el dominio más grande, cubierto de paramos helados y de múltiples fortalezas, liderados por el Rey del Invierno y su ejército de incontables seres híbridos. Eran los más cercanos al mundo, ganándose el título de los Gaians Prósperos, al haber mezclado su sangre entre diferentes especies de Gaians.

Kaldim, el dominio supremo, donde solo los conocedores de esas tierras se atrevían a vagar por sus inmensos desiertos que cambiaban los caminos. Eran seguidores de la Reina del Sol, supuestamente desciende de Aeons, por lo que en esa tierra habitaban gran parte de seres con divinidad en sus venas.

Nara, el dominio noble, que destacaba por vegetaciones frondosas y de aldeas trabajadoras, de guerreros honorables y muy tradicionales. Supuestamente desde sus aborígenes, jamás mezclaron su sangre y mantuvieron sus linajes intactos, más no se cerraron a la idea de la diversidad de especies, siempre y cuando se apegaran a sus costumbres y leyes. Fueron liderados por el primer Emperador Dragón.

Paradisso, el dominio sagrado, que si bien era el más pequeño, imponía sobre todos magnificas construcciones en demostración de la devoción que sentían hacía una sola deidad y a los poderosos y celestiales Custodes y Aeons. Eran los más estrictos y con los dogmas más influyentes, cosa que fortalecía a sus habitantes con ciego fanatismo. Eran guiados por la Suma Pontífice, la más alta figura representativa de la religión.

Fuerzas que se alzaron bajo el estandarte del Orden sin siquiera pensarlo, o sin notarlo ni meditarlo, al ser natural para ellos vivir de ese modo. Por siglos, milenios, así vivieron.

Hasta que el Caos se manifestó como algo real, fuera de las metáforas del comportamiento y pensamiento.

Su estilo de vida no podía ser otro al que tenían, y temieron que no solo sus dioses o su fe desaparecerían, sino que el mundo enteró cambiaría. Consideraron por eso que el Caos era Mal, y como tal había que exterminarlo como diera lugar, junto con aquellos que le aceptaron e hirieron al planeta.

Por años intentaron fabricar embarcaciones que navegasen al otro continente para llevar la exterminación a los vecinos descarriados, pero nada era lo bastante resistente para soportar un largo viaje al Otro Lado del mundo. Por años probaron varios métodos, pero nada parecía ser lo bastante efectivo para no solo soportar el viaje, sino los embates ajenos dispuestos a impedirlo.

Sabían que el Caos transformaba a todo apenas llegase la aceptación, e inevitablemente comenzaban a sentir la necesidad de poseer más almas que la propia. Debían frenar a los herejes que alimentaban a esa fuerza, no deseaban cambiar lo que por legados inmemoriales les había traído paz.
La respuesta a sus plegarias fue la apertura del Nexo. Una dimensión de donde surgía el Caos.

Sus Exaltos, Custodes y Aeons, representando sus divinidades, les explicaron que era posible viajar a través del mismo si se entraba desde un Altar o Templo, y que de ese modo podrían cruzar hasta el continente del Oeste, evitando el inmenso mar, y de ese modo castigar a los locos que se han alimentado con locura.

Pero requerían tiempo, necesitaban realizar ritos específicos para proteger a sus ejércitos del toque del Caos a la hora de intentar adentrarse al Nexo, sin saber que viajar por el mismo no afecta al alma, ni crea necesidad de aceptar al Caos. Elegir a esa fuerza es decisión propia e individual, y la dimensión nada tenía que ver con el cambio de ideas, comportamiento, y poder.

Por eso, mientras tomaban tiempo valioso en realizar sus congregaciones y rituales de protección, los Reinos del Oeste tomaron ventaja de ellos, y atacaron primero al descubrir sus intenciones; fueron los propios rezos de la gente del Este lo que despertó la atención de Calad’Meeth, Kil’Daggoth y Miryathir, al notar como la tierra respondía a esa energía concentrada en conjunto.

Los Reinos del Este pensaron tener oportunidad gracias a sus números, pero fueron superados por los ejércitos de Caballeros, Magos y Pistoleros imbuidos en Caos, ayudados por los terribles monstruos del Nexo que sin razón aparente, les asistieron solo esa vez. Más que una guerra, fue una aniquilación.

En menos de dos meses toda la grandeza de esos reinos se desmoronó, hasta no quedar más que ruinas y sobrevivientes esparcidos por varias partes. Se dice que lograron reconstruir aldeas y poblados, pero nada tan maravilloso como lo que en antaño fueron.

Gard, destruido por los Caballeros de Calad'Meeth.

Kaldim, aniquilado por los Hechiceros de Kil'Daggoth

Nara, devastado por los Ingenieros de Miryathir

Paradisso, arrasado por los Seres del Nexo.

Se vieron obligados a aceptar consumir almas y usarlas para sobrevivir, cosa que los ha fortalecido más de lo que una vez fueron, pero pocos aceptarán al Caos, y mucho menos desde lo que hicieron. Varios desertaron y buscaron refugio en los Reinos del Oeste, mientras que otros fieles a sus cenizas y muertos decidieron quedarse, o vagar entre los continentes buscando cosas que solo ellos entenderían.

Así, han transcurrido 21 años.

“Se lo han llevado todo… Pero espero, que al menos nuestras almas sigan siendo nuestras.”


Gard:


El dominio territorial más grande, donde las condiciones climáticas dictaban que la fuerza y la resistencia eran necesarias para sobrevivir a las fuertes ventiscas y al invierno eterno. Sus habitantes en antaño pasaron por periodos de guerras internas por el control de territorios, comida, o incluso por riquezas o por el deseo de batallar. Demasiadas tribus a lo largo de un enorme pedazo de hielo, donde la sangre de los caídos se cubría rápido con nieve, y sus suspiros de agonía eran opacados por el frío viento. Siempre fue así, y siempre parecieron querer mantenerlo de ese modo.

Llegó entonces una revelación a un simple Gaian, de buen corazón, con la forma de una espada que según fue entregada a sus manos por la Diosa del Ciclo, una deidad del Orden que deseó encaminar a los habitantes de Gard por una senda donde la coexistencia pudiese traer un ciclo diferente al de la guerra y la masacre. Ese hombre, que dé humano nada tenía, podía ser capaz de suprimir los instintos de la batalla sin sentido, y conducir a los Gardianos bajo un mismo símbolo debido a que contaba con algo más valioso que una espada. Eso era, un noble espíritu.

Intentando llevar su propuesta lo menos violenta posible, convenció primero a los más débiles de su región. Admirables eran por preferir la paz antes de marchar a la guerra, pero les recalcó que mantenerse pasivos y dedicarse solo a repeler a sus invasores, solo detenía temporalmente al problema sin acabar con el mismo. Gracias a las bendiciones de la Diosa del Ciclo, sus palabras eran mucho mejor recibidas y aceptadas por todos, de forma que pronto ese hombre llego a tener a su lado un número considerable de seguidores.

Convencidos por la palabra del hombre con la espada helada, decidieron peregrinar con provisiones y toda la gente más saludable, hasta ir aldea por aldea, campamento por campamento, en búsqueda de aquellos que desearan entablar guerra por ambiciones personales. El hombre firmemente les insistió a que abandonasen su sed de sangre, y que en cambio reflexionasen sobre sus acciones y siguieran la propuesta de unificación de Gard. En muchas ocasiones debió mostrarse agresivo y responder a las hostilidades, pero gracias a su arma divina siempre logró salir victorioso, y ganarse en respeto de los Nobles, Salvajes, y descendientes de Dioses por igual.

Pronto, al cabo de unos años, Gard quedaría unificada bajo una misma regla. Un benevolente gobierno donde todo el mundo tendría iguales oportunidades mientras se esforzasen por alcanzarlas, dando posibilidades desde los más afortunados, hasta los más necesitados. En respuesta a sus acciones, toda la gente miró al hombre que no era exactamente hombre, sin embargo era quien tenía el alma más radiante de todos.

El Rey de Invierno… Un Gaian común, que más usó sus palabras, en lugar de su sagrada reliquia.

Libre del toque del Envejecimiento por su condición recién ganada como Custodian, el Rey se encargó de eliminar todo rastro de disputas por medios mucho más justos y equitativos, como resultado convirtiéndose en un Imperio lo bastante sólido para sustentarse por sí mismo, y para defenderse de cualquier cosa.

Y así transcurrieron los siglos, donde tuvo tiempo de crear su propia familia, y por generaciones estuvo al tanto de todos y de todo, abordando los problemas con responsabilidad y sabiduría, aprendiendo con ello y agradeciendo a las deidades del Orden que mantenían la tierra prospera. Adoptó huérfanos y les alimentó e instruyó de varias formas, enseñándoles los valores de las cosas y sobre las armas, pero más importante el significado de usarlas.

Pero el mundo llegó a cambiar, y el Nexo apareció causando una fisura en el mundo. La Diosa del Ciclo en su preocupación, advirtió al Rey de no acercarse a la fuerza que impregnaba al ambiente, pues la misma era tóxica y dejaba mucho más daño que beneficio. Eso era el Caos, la voluntad de la maligna deidad denominada como “The Oldest One”. Así lo hizo, y por años que transcurrieron, Gard se fortaleció para combatir a los esbirros que provenían de esa dimensión tan oscura e incomprensible.

La visión de los Dioses del Orden los protegió, pero lo mismo no podía decirse de los reinos que se encontraban al hemisferio opuesto del mundo. Calad’Hom fue ejemplo de ello, que fue renombrada como Calad’Meeth, una nación de caballeros que si bien eran nobles de espíritu, estaban sobre tierra corrupta. Intentar conocer los pensamientos de ellos era peligroso, pues se podía caer víctima del Caos, y prefirieron permanecer ignorantes bajo el manto de sus Dioses del Orden.

Llegado un punto años más tarde donde era insostenible tal expresión de corrupción, el Rey de Invierno decidió poner de lado su voto de paz, y amenazó por medio de mensajes astrales a los otros reinos, exigiéndoles desistir de sus creencias caóticas y que juntos negasen al Nexo y a toda la maldad que el mismo desbordaba. La respuesta evidentemente fue negativa, defendiendo al Caos como una fuerza de emoción y libertad, cosa que lamentablemente no podían entender ninguno de los Monarcas del hemisferio este. Fue así, que se comenzó una estrategia para debilitar al Nexo por medio de canalizar las fuerzas de los Dioses y las creencias en el Orden, y atacar entonces a los reinos opuestos para suprimirlos. Sin embargo, las cosas no funcionaron de ese modo…

Libres de los designios del Orden, los reinos de Calad’Meeth, Kil’Daggoth y Miryathir tenían la posibilidad de engañar al Destino preestablecido, y marcharon antes hacia el lado este del mundo a través del Nexo, causando devastación a su paso. Gard debió enfrentarse contra los caballeros del primer reino, pero los mismos estaban fortalecidos por esa fuerza lejana, y no podían ser contenidos.

Evitaron toda clase de trampas y se adaptaron sin problemas al clima natural, rompieron todas las estrategias y vencieron en cada enfrentamiento. Pocas fueron las bajas que ocasionaron a Calad’Meeth, mientras que los porcentajes de derrotas eran abrumadores del lado del Rey de Invierno.

La batalla final era una pelea perdida desde antes de empezar, más el Rey y una de sus hijas adoptivas que se proclamó su guardiana, junto con otros soldados y guerreros, permanecieron firmes ante los marchantes caballeros de lustrosas armaduras, que seguían a los dos Dioses Vivientes. El Rey de Invierno murió ese día, y con ello murió el invierno justo en ese lugar nada más.

“Ese día murió mi Rey… Murió mi Padre… Y también murió mi Alma…”


Kaldim:


Magnifica como ella sola, deslumbrante como sus líderes, Kaldim era uno de los imperios más antiguos que se mantuvo por siempre en pie por dinastías enteras. Su gobierno era enteramente monárquico y de exclusividad de ciertas familias, las cuales solo podían ser aquellas que por su sangre corriera la Divinidad. Entre desiertos que resguardaban bien los tesoros y riquezas, como también las antiguas ciudades y lugares ocultos donde poseían sus recursos principales y sustentaban a su población. Sin lugar a dudas eran enteramente favorecidos por sus Dioses Arquetípicos, y a cambio les honoraban con monumentos y se mantenían bajo las leyes impuestas por sus descendientes, que eran denominados los Reyes del Sol.

Kaldim se basaba en una ley que determinaba desde el nacimiento el destino de las personas, y a una diferencia de clases en las que dependiendo del estatus que se poseía, serían dados los privilegios y obligaciones correspondientes. A mayores lujos, mayores responsabilidades, y de este modo se aseguraba que los altos gremios y cargos cercanos al Reinado fuesen los más eficientes y con mayores aportes para la comodidad de quien ocupase el trono, y facilitar su labor administrativa.

La denominada Reina del Sol fue una nueva adición al palacio, siendo supuestamente hija del Dios de la Cosecha y una mujer descendiente de Aeons igualmente, cosa que por decreto divino la llevó directamente hasta el trono de Kaldim, y su instrucción quedo a cargo de los sabios y hechiceros de esa región, convirtiéndola en poco tiempo en una reina ejemplar.

Vanidosa, orgullosa, pero sin duda excelente, mantuvo el imperio bajo el orden tradicional y se encargó de que al ser alabada ella, se alabasen igualmente a los Dioses que hacían todo eso posible. Su naturaleza le hizo perdurar por miles de años, en los que vio transcurrir los días uno tras otro, y procurar que Kaldim continuase siendo lo que siempre fue.

Pero a su vista llegó algo ominoso, que venía de estrellas lejanas y oscuras, donde los hombres no existen y nada más se puede ver la cara más siniestra de lo que ella llamaría “Maldad”. Aunque por dos milenios ella había sido capaz de continuar con vida, era primera vez que observaba la influencia de tal cosa sobre el mundo, y pudo percatarse que la misma buscó arraigarse en la inocente población de Fyndlion. La Reina buscó orientación en los cielos, y en respuesta a sus plegarias, la Diosa de la Sabiduría contestó sus rezos de cierta manera. No aclaró sus dudas, mantuvo el conocimiento sobre esas entidades fuera del alcance de la monarca, y solo les nombro como los Dioses Primigenios y los Dioses Exteriores, advirtiéndole sobre la fuerza que los mismos emanaban y que era algo de lo que siempre debía mantenerse alejada. El Caos, como lo llamó la Diosa, era el concepto que sustentaba a esos horrores cósmicos, y que en antaño los Dioses Arquetípicos, como deidades del Orden, se encargaron de sellarlos pues la muerte es algo que no se aplica a ellos en toda su extensión.

Fyndlion cayó bajo la influencia de esos horrores, y fue transformada en Kil’Daggoth bajo el uso de la hechicería y el constante cambio. Alarmante fue como pasaron mil años desde su fundación, y ese reino de caos jamás desistió de sus investigaciones acerca de la magia y las aplicaciones de la misma, al punto que invitaron toda clase de seres de otros mundos que se sentían atraídos por el flujo arcano que generaban.

Pero si bien Kaldim siempre fue consciente de cómo Kil’Daggoth parecía tratar con fuerzas que no debían ser usadas, peor fue cuando el Nexo se materializó en la realidad, y el Caos amenazaba con corromper a todo el mundo si no se le detenía. La Reina sintió que desde su cargo, la responsabilidad era completamente suya, y por los siglos que el Nexo empezó a actuar sobre el planeta, pudo ver como se extendía el Caos y transformaba a la gente en seres con ambiciones que a su parecer, eran destructivas.

La Reina determinó que Kil’Daggoth debía ser la razón de la aparición del Nexo, y que tanto destruir ese lugar herético era lo primordial. Kaldim había de dirigirse hasta allá, a través del Nexo si era necesario, para aniquilar ese reino de hechiceros que desde todo Orden estaba mal.

Si tan solo hubiesen sido más rápidos, no habrían enfrentado su destino final.

Kil’Daggoth se movilizó primero a través del Nexo, y atacó Kaldim con la ayuda de hechicería caótica y criaturas de otros mundos, devastando las ciudades y destruyendo sus monumentos sagrados ancestrales, dejando pocos con vida y haciéndoles caer en la ironía de la muerte que glorificaban con esplendorosos funerales.

La Reina del Sol pronto se encontró sin salida, y así fue sacrificada en la torre más alta de Kaldim, asegurándose que todo aquel que logró escapar, al menos escuchase el último grito de su patrona, la cual no tuvo ni derecho de dejar ninguna voluntad.

“Aquello que siempre debió permanecer dormido… Nos ha hecho dormir para siempre cuando despertó”


Nara:


Una sociedad que desde sus orígenes se basó en la rectitud, disciplina, honor y tradición. Sin importar que Nara se mantuviera desde siempre dividida por gestiones gubernamentales de un sistema feudal, esto aseguraba que cada región del país estuviese siempre observada y a cargo de un terrateniente. Bajo la administración del Emperador Dragón, la nación se sustentó por leyes que apremiaban por siempre el comportamiento ejemplar adecuado y la progresión de los sectores que cubrían las necesidades de los habitantes, que a su vez eran reconocidos y admirados por ser gente trabajadora y de nobles pensamientos.

El Emperador Dragón fue un título otorgado por los Dioses, bajo la premisa de que un descendiente de los cielos encarnaría en un niño, y al crecer velaría por los intereses de la tierra misma y de su interacción con los habitantes que la ocupasen. Su destino era ascender y superar toda circunstancia existente en su camino, y con esa facultad guiaría a la gente de Nara, con la intención de continuar preservando el orden y el correcto estado de indemnidad sobre la naturaleza. Reciprocidad en su mayor expresión, los habitantes del pequeño imperio obtenían todo de la tierra, y a su vez la retribuían de vuelta en un adecuado ciclo de mantenimiento y cuidado.

Bajo el gobierno del Emperador Dragón, Nara vivió todo tipo de épocas. Su mandato era siempre más visto como un asesoramiento, y aunque sus consejos demostraban ser acertados, no era responsabilidad suya el tomar acción directa bajo ninguna circunstancia. Esto ocasionó que la ambición natural de algunos pudiese sobrevivir, y guerras siempre eran libradas siguiendo los deseos de control, expansión y dominación, como lo dictaba el modelo Feudal que desde siempre mantuvieron. Familias llegaban a unificar Nara, y eventualmente nuevas surgían tras el paso de generaciones, causando nuevos periodos de guerra necesaria para continuar los lineamientos que ellos habían impuesto. La guerra era tan necesaria como la paz, igual que la muerte era una glorificación por la vida.

Pero el Emperador Dragón siempre se mantuvo igual, inmóvil, desde el lugar que le fue dado y siendo el árbitro de las guerras que definían la sociedad de Nara e imponiendo las reglas de la misma, tal cual un juego que impulsaba la economía y dominancia de la familia vencedora, y que por generaciones reinaría y se encargaría de ser los seguidores de las enseñanzas directas del enviado de los cielos. De ese modo, Nara vivía una constante renovación y restauración, antes de que el tiempo se encargase de deteriorar la armonía y preservación de la misma.

Por ese motivo la guerra era un arte más, aparte de la música, la cocina, la creación de armas, y las artes marciales. Era más bien un ritual que una diferencia de ideologías políticas, pues al final de todo, aunque los intereses personales llevaban a las personas, la gestión de los señores feudales siempre era apegada a las reglas que elaboraba el Emperador Dragón. Por siglos, milenios enteros así fue, y cada generación y clan era instruido desde su origen a seguir siempre este mandato divino. Todo estaba siempre en manos de la tierra, de los dioses, y del destino.

El curso de una batalla, los recursos, el desenvolvimiento de los guerreros samuráis y su código, las ceremonias realizadas y los cultos de adoración, todo era hecho con la finalidad de favorecerse a sí mismos y al honor, a través del mismo demostraban ser las personas rectas que los cielos aceptaran, y como desde el origen de Nara debían ser las cosas. Un hombre o una mujer en sí mismos, son un ejemplo de devoción.

Sin embargo, como constante renovación y restauración siempre fue su principal fuerte, no estuvieron preparados para los eventos que ocurrirían luego. El Nexo, una terrible dimensión de tiempos diferentes a este, se ancló en el mundo y causó que se desbordara una fuerza que iba en contra de lo que Nara consideraba adecuado.

El Emperador Dragón se mantuvo oculto en el secretismo, y los más allegados a él explicaron que el motivo de su ausencia era una terrible enfermedad que atacó cuando el Nexo se manifestó. Cada vez se podía ver menos a la eminencia, y su estado era deplorable y débil, lejano al porte erguido y juvenil que por milenios mantuvo. Envejecía y se deterioraba conforme los años pasaban, más no perdía su juicio y continuaba apoyando a su gente lo más que podía, siendo menos participativo, pero aún sabio y justo. Desde que ese avatar de la tierra empezó a marchitarse de ese modo, las guerras cesaron y los señores feudales colocaron todo su esfuerzo en fortalecer a Nara, basándose en las enseñanzas de antaño y endureciendo sus corazones ante la posible pérdida de su noble líder.

Por siglos, Nara hizo lo posible, mientras que el Emperador Dragón cada año que transcurría parecía sufrir la agonía de una vejez demasiado avanzada y cruel, pero la muerte no aparecía para reclamarlo, y las generaciones que suplantaban a la siguiente lo veían morir cada vez más y más. Eso debía terminarse, y sabían según las leyendas de sus ancestros, que el estado de salud del magnánimo era responsabilidad del Nexo y de quienes se habían unido a él. La solución era purgar el mundo de sus malignas presencias, y devolver todo a como era antes. Nara se levantaría, dejarían de resistir nada más, y vencerían al enemigo en glorioso y honorífico combate. Pidieron ayuda a sus dioses, buscaron consejo en las técnicas de sus ancestros, trabajaron más arduo que nunca en sus preparativos, para la gran guerra que se avecinaba.

Pero, la oportunidad les fue negada. Gracias al Nexo, los habitantes de la nefasta Miryathir, que sacrificaron las tradiciones y pisotearon las leyes de sus mandatarios, aparecieron a través de los templos y santuarios, e invadieron Nara haciendo uso de armas de fuego. Desde pistolas de mano hasta cañones rodantes, las tropas de tormenta de ese reino tecnológico hicieron arder la mayoría de toda esa noble tierra, disparando y arrojando nubes de humo y vapor que cegaban y ahogaban a quienes atrapasen. Uno a uno, los puntos de resistencia eran erradicados, y los combatientes caían al suelo como moscas ante las ráfagas de azufre y pólvora explotando. El fuego arrasó con plantaciones y quemó templos enteros, donde sus monjes, sacerdotisas e invocadores no pudieron erigir barreras que resistiesen las balas imbuidas en caos.

Las puertas de la ciudad principal se encontraban abiertas, y los invasores entraron sin problema, incendiando y disparando a todo lo que se interponía. Con ello, la guardia de honor se mantuvo firme, y morirían en batalla como guerreros, defendiendo el palacio del Emperador.

Y la guerra terminó… Así lo supieron todos, cuando Miryathir se retiró de nuevo a sus tierras en el continente del oeste… Y el magnánimo finalmente encontró su muerte a manos de ellos.

Pero la esperanza no se había terminado. Alguien ocupo el puesto de Emperador Dragón años después, y gracias a su conexión con la tierra y su mente visionaria, pudo proporcionar ayuda a los reinos devastados por la intervención de los que viven al Oeste. Sería está persona… Una jovencita de nobles pensamientos y de sangre draconiana, la que ayudaría a los reinos del Este a levantarse. Las heridas no sanarán del todo, y tomará años para eso… Pero, con ella ocupando el título, tienen al menos una posibilidad. Los nobles de varias familias de los reinos de Gard, Kaldim, Nara y Paradisso, le dan su apoyo y bendición…

“El Emperador Dragón no ha muerto en vano. Ha pasado la antorcha a alguien que hará buen uso de su legado… Todos, bendigan a la nueva esperanza, nuestra actual Emperador Dragón”.


Paradisso:


La ordenanza de esta tierra de creencias ortodoxas y estrictas, comenzó cuando desde los cielos descendió un mensajero del Dios Único, quien llevó la palabra del mismo y estableció con su luz una fe hacia su señor. En este reino, los fieles devotos hicieron como se les dijo, y enseñaron las doctrinas de la rectitud, devoción, adoración y absoluto servicio a la deidad que según las palabras de los cielos, era el creador de todo y quien decidiría el día del juicio final. Para evitar su ira, era necesario vivir de la forma más adecuada según lo designase el clero, que era la Orden Sangrada a cargo de gobernar bajo el concepto de ser los elegidos por Dios, y de ser los portadores de su mensaje.

Los cielos, satisfechos con lo que se construía en Paradisso, enviaron ángeles y otros seres celestiales para establecer junto con ellos sus dominios, y como cualquier humano, algunos llegaron a nacer sobre la tierra por designio divino, y otros se criaron sobre la misma siguiendo las leyes del culto. El territorio pronto fue un lugar deslumbrante, que si bien no era el más grande de las tierras del este, era sin duda el más imponente.

Pero para eso, debió elegirse una agrupación que se asegurara de que se cumplan las normas, y los cleros pronto desarrollaron figuras de liderazgo, que se encargarían de administrar a Paradisso desde el punto de vista político y religioso. Vistos así como la única autoridad, el clero se alzó sobre todo lo demás, nombrando a una joven como su figura principal. La Suma Pontífice, la Canonesa Suprema, muchos apodos honoríficos tuvo, y sería ella quien tendría la última palabra en todo. Su elección fue unánime, gracias a una visión que apareció durante los sueños de todos los participantes en la religión, donde vieron a esta niña ocupando el asiento de mayor importancia.

Los Custodes que ocupaban Paradisso la honraron, y con un porte digno de una figura de autoridad superior, la Canonesa se anunció con júbilo nacido desde la fe de todos los feligreses. Ella era una representación de Dios.

Guardias de honor se establecieron, agrupaciones fanáticas fueron fundadas, todo para llevar el mensaje divino desde diferentes ámbitos, más siempre llegando a la misma conclusión. Construcciones, estatuas, calles, todo derrochaba un exagerado toque eclesiástico como recordatorio de que era lo que gobernaba, y lo que siempre gobernaría por decreto divino. Oponerse era un pecado, y la única forma de llegar a Dios era por medio de la obediencia y la aceptación. Servir al reino era servir a Dios.

Así fue dicho, así sería hecho.

Más un día la Canonesa desaparecio, luego de su última presentación pública, anunciando que tiempos difíciles se avecinaban, y los cielos la reclamaban. Debía ausentarse, para volver en el momento de mayor necesidad, pues su trabajo ya estaba hecho. A partir de ese momento, todo quedo a manos de un clero establecido… Pero de intenciones que poco a poco se tergiversaban por el poder.

No tardaron en aparecer semillas de la corrupción y la ambición, queriendo extender mucho más el dominio sagrado de Paradisso, y tomarse más atribuciones. Se volvió más castrador e inexorable.

Se puede decir que incluso con esa cara que se desmejoraba, pero se mantenía, se vivió en un periodo de relativa paz. Pero la paz es algo que escapa da las manos de cualquiera, y el destino es incluso más incierto que la palabra y los deseos de Dios. Las enseñanzas dictan que se debe estar firme y preparado, fiel siempre a los principios y dispuesto a dar todo aunque no quede nada, pues se puede perderlo todo, menos la fe. El Nexo, cuando se dio su aparición, era la prueba más grande que cualquier podía haber enfrentado, y el deber de este adoctrinado y férreo reino no permitiría que la oscuridad los engullera y apartase del camino que desde tiempos inmemoriales han seguido. Era lo que caracterizaba a esa gente, y así debía serlo, pues así estaba escrito.

Rechazaron y condenaron a todo lo relativo al Caos y a su proveniencia, y por años intentaron sellarlo y enviarlo de regreso al lugar siniestro de donde sea que haya salido. Oraciones conjuntas de toda la población ocurrieron a diario durante esos años, y la disciplina debió hacerse más reforzada y estricta, para no permitir que nadie flaqueara y se dejase llevar por las voces oscuras que salían de la macabra dimensión del Nexo, o por los demonios que invadían sedientos de sangre. La religión lo era todo, Dios era todo.

Tantos Gaians como Exaltos y Custodes se sometieron a rigurosos días de preparación, alejándose de las tentaciones y el miedo, mientras que las caras más nobles y bondadosas de los religiosos, que desde su ascenso siempre se mantuvieron vigilantes y transmitieron sus enseñanzas a discípulos directos, hablaban a viva voz para todos, inspirando sus corazones y alimentando la devoción en sus almas, durante años.

Las décadas pasaron hasta volverse siglos, y cada generación desde la aparición del Nexo era mucho más adoctrinada y disciplinada que la anterior. Listos estaban, con mentes y almas tan bien preparadas, para enfrentar al origen del mal. Pero… La verdad era, que no fue suficiente.

Una incursión de criaturas y monstruos mayor a cualquier otra que hayan visto, atacó Paradisso sin estrategia alguna, sino como una ola cargada de locura y destrucción. Los poderosos Custodians, los ángeles de Dios junto con otras razas terrenales que consideraban al reino como su hogar, intentaron defenderse de la agresión que el Nexo les llevaba justo a sus dominios. Formidables soldados se enfrentaron a los seres que variaban en estaturas y formas, algunos de exuberante belleza, otros de horrenda apariencia.

Lo más aterrador de todo, fue la aparición del Rey del Nexo. El más poderoso de todos los sirvientes del Caos, el Señor Oscuro, se mostró por primera vez y siendo anunciado por los gritos de euforia de los monstruos, envuelto en una niebla oscura que dejaba imposibilitado el ver su aspecto. Invencible según la creencia general, enfrentarlo directamente mientras caminaba hacia el centro de Paradisso era lo mismo que suicidarse, sin importar cuantos guerreros fuesen sus oponentes o con que armas le atacasen. Arrancó alas, brazos, piernas, corazones, almas, sin necesidad de usar otra cosa que no fueran sus manos.

Las criaturas cortaron toda posibilidad de escapar, ni tampoco se preocuparon en buscar posibles sobrevivientes; quienes llegaron a ocultarse, sobrevivieron a la destrucción, lo mismo para los heridos que lograron vivir después de sus heridas fatales por milagro. De ese modo, el Señor Oscuro llegó hasta la catedral principal, donde los líderes actuales se encontraron atrapados, y recibieron el inevitable destino de la muerte.

Tan solo fueron unos pocos minutos que parecieron horas… Y los monstruos se retiraron por su cuenta. Volvieron al Nexo junto con su Señor, mientras que en Paradisso quedó un vacío y una confusión mayor.

Se piensa, que algún día la Canonesa volverá, y que desde donde sea que esté, bendijo a la sucesora del Emperador Dragón para poder ayudar a combatir la devastación.

“Una persona puede perderlo todo... Pueden arrebatarle todo, menos la fe”



¡El Resurgimiento!


¿Es la miseria el destino absoluto para los Reinos del Este? No, y por siempre se dirá que no. Al ser derrotados una vez, aprendieron de sus errores y se han preparado aprovechando la arrogancia y condescendencia de los Reinos del Oeste. En silencio esperaron, pacientes, aguardando con sabiduría y resiliencia, apegados a su fe y a la identidad que fue pisoteada por la infamia de las ideas surgidas del Nexo. El nuevo Emperador Dragón, quien se mantuvo protegido bajo el manto de un engaño estratégico, se mostró al mundo una vez que era seguro revelarse, dando a conocer que la supuesta heredera no se trataba de otra cosa más que de una guardaespaldas, fingiendo ser la sucesora en caso que la vida del verdadero heredero estuviese en peligro.

¿En que cambia la aparición de este hombre? Su presencia dio inicio a un plan de reconstrucción y restauración de las tierras de Gard, Kaldim, Paradisso y por supuesto, Nara. Los Dioses del Orden nunca les abandonaron, y al mostrar la suficiente humildad e inteligencia, brindaron ayuda divina al alzamiento de los cuatro antiguos imperios. Sin embargo, una estrategia por parte del monarca principal fue la piedra angular de que hayan podido recuperar a nivel de recursos, aparte de poder fortificarse adecuadamente para repeler cualquier agresión futura; El Nuevo Emperador hizo uso de las ambiciones de la Administradora de Miryathir, y declaró su independencia luego de que ella hizo inversiones para restaurar varios sectores del continente Este, con la finalidad de convertirlos en fábricas, centros de reclutamiento o negocios turísticos, sin importar cuantas culturas pudo dañar con ello.

La estrategia del nuevo mandatario le permitió tener acceso a todos los recursos y ventajas proporcionadas por Phyrexis, permitiendo que los cuatro reinos sean una vez más naciones alejadas de la miseria. Aunque es necesario crecer todavía más para alcanzar el glorioso estado de antaño, ya no son tierras que están cubiertas en la miseria.

Una vez fueron los imperios más grandes del mundo, y poco a poco, volverán a serlo.


¡El Invierno Continua!


La Diosa del Ciclo, en benevolencia por el temple de las personas de Gard, brindó una segunda oportunidad al Rey de Invierno. Renovado y con una inmensa sabiduría y fuerza al conocer los secretos del más allá, el Rey de Gard ha devuelto a su palacio el aspecto glorioso de tiempos pasados, como así también volver a helar sus dominios hasta cubrir todo de hielo y nieve. La poderosa Tundra se ha reformado, y con los fuertes vientos de la eterna nevada, la población se ha sentido nuevamente vigorosa. Las aldeas se han consolidado, los grupos armados se han vuelto más organizados, y las tribus guerreras han recordado la flama gélida de sus corazones.


Detalles a tener en cuenta:

- Los reinos han sido restaurados gracias a estrategias por parte del Nuevo Emperador. No poseen la fuerza de antes, sin embargo pueden ser considerados potencias en desarrollo.

- En cada lugar queda al menos un altar para acceder al Nexo directamente.

- Las figuras de autoridad actuales son, por ahora, El Emperador Dragón y el Rey de Invierno.

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