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[Recuerdo]Mirada al Pasado: Una vista inolvidable

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Mensaje por Al-Hazred Jue Abr 24, 2014 10:17 pm

"Al-Hazred, usted está más loco de lo que creí. Pensar que los niños traen mascotas a las casas, cuando usted secuestra señoritas para ocultarlas aquí. ¿Cuáles serán sus verdaderas intenciones?"


Luego de una noche, el Poeta Loco recuerda esas palabras. Oh, maravilla, que tenga yo la fortuna de conseguir algo finalmente valioso, y que como buen director y hombre le traiga a la seguridad de un techo para tratar sus heridas. Las quejas de la sirvienta que ha elegido vivir en mi morada sin ningún otro beneficio diferente del de molestarme, a cambio de prestar diligentes servicios de limpieza y organización de las posesiones materiales habidas en mi morada. Cabe destacar, que mi ceguera no se complementa en lo absoluto con la mudez de la chica, y de no ser por sus cualidades psíquicas, ni siquiera tendría consciencia de su existencia dentro de mi propiedad, ya que ni siquiera su presencia es posible de ser percibida. Ha sido ella, quien ha atendido las heridas y el hambre de la doncella que cometió el accidente de tropezar cerca de mí, volcando el contenido de la cuenca donde transportaba agua sobre mis ropas, siendo inevitable que captase mi atención y acudiese a su silencioso llamado de rescate, que seguro ni siquiera estaba impreso en sus pensamientos, más si en el profundo anhelo de su corazón.

Por respeto, cualquier otro caballero habría esperado fuera de la habitación donde fue acomodada la inesperada inquilina, pero yo, Al-Hazred, no soy cualquier caballero. He entrado en los aposentos donde reposa la dama, y he esperado al lado de la cama donde fue colocada, justo sentado en uno de los divanes que al lado de la ventana son de conveniencia para reposar, por si un lecho no es algo que llegue a aliviar, como lo es en mi caso. Desprovisto de la necesidad de dormir o comer, pude hacer acto de presencia a la hora de velar por el sueño inducido de la joven. Soy responsable de su estado, después de todo, y sin importar que ella es una habitante de aquellos reinos que sin razón eligieron tachar al Caos como una fuerza que debe ser dejada al abandono, es muy probable que no haya sido una decisión propia de su persona, sino de los que se encontraban en mayor jerarquía. En cambio, fue nuestra mano la que llevo la correcta aniquilación a sus tierras, y ya con eso tenemos total potestad de hacer nuestra voluntad sobre ese terreno; la mía, es salvar a esta chica. Reitero, no creo que sea su responsabilidad el destino que cayó sobre su cabeza.

Han pasado horas, cosa que se asume por el hecho de percibir la luna carmesí alzada en nuestro cielo, misma que ilumina en este momento a todos los que pretenden rendirse. Un recuerdo de que el Caos es constancia y lucha, impreso en las palabras que le dije a esta doncella cuando en mis brazos la contuve. "No caigas ahora, siempre se puede soportar todo". Debo confesar que no hubo sentimiento alguno cuando le hable directamente, cosa que indica que su supervivencia no me ha sido algo repulsivo, y por el contrario me ha dado una inesperada satisfacción. ¿Podrá ser que su necesidad y deseo de estar con vida es tan grande, que ha logrado escapar a los designios injustos de la Muerte? Lo cierto es que ha demostrado ser superior al destino, y la prueba está que mientras otros yacen muertos, ella incluso parecía buscar ayuda, cuan autómata despojada de la virtud de pensar. Su mente ha debido de desconectarse para permitir a su cuerpo no sufrir ningún dolor, ni percatarse de toda la destrucción que a sus pies había.

La sirvienta fue bastante clara cuando le interrogué para conocer el estado de salud de esta guerrera. La respuesta fue impresionante, dejando claro el hecho de que lo que sufrió sería capaz de matar eventualmente. Parece ser que pertenecía a la casta de seres divinos, siendo prueba de ello las dos heridas en su espalda, que fueron descritas como amputaciones bruscas, desprovistas siquiera de la perfección o inmediatez que propina el corte de un arma filosa. En su cuerpo una vez hubo alas, y las mismas fueron arrancadas de ella junto con su divinidad, por no mencionar nervios, músculos, vasos sanguíneos, entre otros componentes anatómicos. La mucama, Mita Ashley, se tomó su tiempo para limpiar y dar un apropiado tratamiento a esas heridas, que por enorme fortuna no la hicieron desangrarse hasta quedar por completo vacía y tirada sobre la piedra, como una carcasa sin parecido alguno con un ser viviente. Aplicó vendajes limpios, y dio un correcto aseo a su cuerpo antes de proporcionarle uno de sus vestidos para cubrir su desnudez. Ahora, solo vigilo su sueño, permitiendo que descanse luego de tan fatídica experiencia, que ha demandado sin duda lo mejor de ella.

Mi deber no es solo esperar a que abra sus ojos, sino explicar lo que ha sido de ella, y de sus tierras, sin mentira alguna ni irrespeto de por medio. No tengo intención de acabar con su existencia, más que cautivadora, por haber estado andando en lugar de estarse arrastrando, al mismo nivel que todos esos que cayeron por cosas incluso menores a lo que ella le ocurrió. Su fuerza de voluntad es digna de reconocimiento, lo suficiente como para protagonizarla en una historia de adversidades y crueldades, escrita por supuesto por el puño de este poeta loco y ciego, que se deleita cuando la Vida triunfa tan gloriosa sobre la Muerte. Palabras demasiado terroríficas y desquiciadas, sinónimos de lo mucho que me he interesado por su existencia, algo que estoy seguro vale la pena preservar.

Cuando llega a ser tan resplandeciente en medio de la suciedad, llegando a ser cautivadora.
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Mensaje por Credens Justitiam Sáb Abr 26, 2014 1:25 am

A decir verdad, no sabe muy bien lo que su mente en esos momentos está haciendo. No es un sueño, porque sabe que algo consciente esta. No obstante, tampoco se trata de algo real, o eso cree ella. La visualización de lo que su mente esta recreando, es algo que bien puede ser como no ser. El saber que estaba buscando agua es sin duda algo real, que no recuerda del todo pero real; mas como el agua comienza a hervir y se transforma en sangre ya va mas allá de lo que normalmente su lógica podría entender de buenas a primera.  Aunque esa visión solo es un preludio de que pronto los efectos de hipnosis a la cual la mucama Mita Ashley la ha sometido, comienzan a desaparecer. Le está otorgando un poco de libertad, aunque eso podría ser muy pronto. Pero tampoco se la puede mantener dormida hasta que su cuerpo este totalmente curado y la historia de una invasión a Paradisso por horribles monstruos luzca mas como un chiste de muy mal gusto que como algo factible;  tan factible que aun en algunos periódicos del reino se siguen hablando no del desastre, pero sí de las extrañas criaturas avistadas.

Poco a poco, la rubia busca abrir sus ojos cual con un dejo de pereza y cansancio totalmente entendibles. No le está importando realmente porque se vuelve tan difícil el querer levantarse, porque la sensación de una exquisita cama que la abraza y contiene es tan gratificante que la anima a seguir durmiendo. Aunque eso es finalmente el detonante para despertar. ¿Desde cuándo ella tenía una cama tan cómoda? En el monasterio los votos de pobreza eran absoluto, y lo más lujoso que podían adquirir eran sus ropas de batallas, las cuales eran realmente un incordio. Lo sabía más que bien, porque hacía no mucho tuvo que ponérselas y salir a combatir…. Ese fue el hilo de pensamiento que logro hacer abrir finalmente los ojos de Credens, que un poco confusos y con vista difuminada por el sueño, observaban alrededor suyo. Era un lugar un poco oscuro, con una marcada tonalidad rojiza. Y aunque su vista no se va más allá de las sabanas sobre las que se encuentra, espera unos segundos para despabilarse completamente. Tras esos segundos, toma la suficiente fuerza como para querer levantarte, o al menos hacer un amago de ello porque ni bien tenso sus brazos para darse vuelta, un dolor horrible la recorrió entera. Como habría de esperarse, ante la brusca respuesta cayó nuevamente sobre la cama, ahogando un quejido sobre la almohada, e intentando no moverse esperando que con quietud el dolor que la ha desgarrado se disipe.

Es entonces, cuando lo recuerda mejor. Y también, se lamenta por no haber seguido durmiendo sin importarle la comodidad extraña de su lecho. Rápidamente los recuerdos llegan, ordenados. El cómo ese monstruo la atrapó mientras volaba y como sin piedad tomó sus alas y las jaló hasta arrancárselas provocándole tanta impresión –sin olvidar dolor que era lo que aun continuaba-que se desmayo.  Recordaba entonces, como de manera dificultosa, logró pararse y caminar con el peor sufrimiento que hubiera experimentado hasta el pueblo, donde la gente simplemente se moría a sus pies…. Y tan luego de eso, solo la necesidad de buscar agua, y llevarla a algún lugar que no sabía. No sabía que sucedió con el agua, o en qué momento su mente se nublo mientras contemplaba el jarrón en cuyo interior bamboleaba el líquido con cada paso que diera.

Quiso llorar en ese mismo instante. Sus ojos comenzaban a cristalizarse con lagrimas, pero logro ver a algo antes. Un algo que la alerto aun mas, mas intento no ser brusca nuevamente. Había un hombre sentado en frente de ella, que no la observaba, mas parecía paciente o expectante a algo. ¿Quizás dormido? Lo cierto era que sus ojos estaban cerrados, y la vista de la pequeña joven no era lo suficientemente aguda en ese instante como para determinarlo. Tembló, por miedo a lo que pudiera ser, mas aun asi prefirió ser un poco valiente, o algo tonta.

-S…Señor….-
Dijo, con un poco de dificultad, pues su garganta le remarcaba con dureza que necesitaba beber pronto algo. Ardió la sequedad, mas prosiguió estoica, con ese tono dulce que normalmente solía tener al hablar, cuando todo en su vida estaba bien. –Señor… ¿Dónde estoy…?- Pregunto,  respirando profundo. Nuevamente el dolor en su espalda se hacía presente, acalambrándole desde sus hombros hasta un poco mas debajo de su cintura, como si estiraran su piel más de lo que se puede, provocándole un hormigueo doloroso. Pero intento ocultarlo, dejando caer nuevamente su rostro sobre la almohada. Sería un milagro si la respuesta de quien aguardaba en frente suyo fuera que se encontraban en alguna clínica que no conoció nunca en su vida, dentro de Paradisso, y que los monstruos habían sido erradicados. Quizás era esperar demasiado, mas confiaba que su Dios no podía ser tan cruel con aquellos que le adoraron y esperaron siempre su protección. Él no pudo simplemente haberlos abandonado….
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Mensaje por Al-Hazred Sáb Abr 26, 2014 3:31 pm

Uno puede argumentar que los sucesos se escapan por completo de la responsabilidad de cada quien, y en parte tendría razón al usar esa defensa contra una acusación, si decimos que dicho suceso es perjudicial o causa un leve desagrado; pero no es del todo ajeno, dado que uno mismo participa en el hecho de que los acontecimientos sucedan, inadvertido o no, siendo "Todo" relativo de "Algo". Incluso en el teatro ocurre igual, lo sabré yo con total certeza, de que una escena no puede ocurrir sin que haya un trasfondo adecuado para que sea posible iniciar o culminar un acto. En este caso, la obra titulada "Destrucción" fue llevada a cabo por una trama un tanto forzada y apresurada, entre amenazas y creencias llevadas desde el miedo a lo incomprensible o lo innombrable. Esta joven, como parte del reparto, ha tenido que sufrir las consecuencias que ha traído el desenlace de tal evento, y por tanto en su estado se reflejan las marcas de la dolorosa experiencia, de ser transformada en algo que niega la superioridad que por naturaleza en antaño tuvo.

Reacciono silencioso, ante el quejido que expresa intentando incorporarse, fallando el intento del mismo y cayendo derrotada una vez más al lecho que se le ha cedido, buscando contenerla durante su reposo impuesto. Puedo entender que al momento de haberla encontrado vagando con un contenedor de agua, no era consciente del todo, y su cuerpo y alma estaban en un estado de presión y conmoción, que originó su desorientación y por consiguiente evito que el dolor la hiciera retorcerse hasta morir. Ese agotamiento parece ser finalmente un hecho del que no puede escapar, más agradecida en parte debe estar del mismo, ya que es el mejor recordatorio de que sin duda vive, como una luchadora, que se sobrepuso a la inexorable realidad y a la acechadora muerte que esperaba su rendición para llevarla a otros mundos donde sería una más de esos que disfrutan de esa calamidad llamada Descanso Eterno. No, ella es diferente, se puede saber sin necesidad de verla, con tan solo su presencia, sin importar que ahora se encuentre débil, se puede reconocer que su mente influenciada por el Orden puede ser abrazada y cambiada por la libertad del Caos.

Su voz resuena como música en este hogar, donde nada más mis palabras eran audibles desde siglos. Visitantes no he tenido ni una vez, y ni siquiera la compañía de la mucama que hace cinco años decidió hacer de esta casa su lugar de empleo sin remuneración, es capaz de brindar sonido ajeno al que pueda escucharse solo en la mente. Es la primera vez que alguien entra, la primera vez que alguien siquiera usa esta habitación aparte de mí, y la primera persona a la cual tengo el deseo y privilegio de asistir de esta manera. Ah, felicidad, al notar como recobra sus sentidos paso a paso, y tiene ya la capacidad de formular preguntas completamente lógicas, lo cual hace pensar que su alma no se ha contaminado ni perdido en los valles de la locura sin retorno, o ahogado en desesperación. Sonrío, al reconocer su intento de hablar, y no la interrumpo pues sé bien que su primera interrogante no es del todo clara, debido a la impresión que puede causar todo este escenario, incluido yo. No me muevo ni un poco, con la excepción de mostrar una leve sonrisa, y continuar ocupando mi lugar con una postura recta.

- ¿Hum? Despierta parece estar ya, doncella. Bienvenida a mi morada, donde ha sido tratada de sus heridas. Puede llamarlo fortuna si lo desea, pero mi preferencia sería decir que la muerte no llegaría hasta usted de ninguna manera. - Mis palabras son gentiles, mi tono acorde a la soledad de ambos, lo necesario para no aturdir ni molestar a quien se recupera de una severa agonía. Por consideración, indiqué con anterioridad a la sirvienta que preparase una bandeja con cuatro tipos de bebidas distintas, siendo agua, té helado, una medicina natural a base de frutas, y una pócima con propiedades calmantes. Elijo entonces servir en un vaso dispuesto en tal bandeja, un poco de la primera jarra, la que contiene solo simple agua. Ni muy fría, ni tampoco caliente, sino en el punto exacto donde puede cortar la sed sin ser intolerante. - Primero refresque un poco su garganta, aliviar la sed la hará recuperar en cierto grado las fuerzas. - Acerco el vaso lentamente hasta donde ella, siendo una ventaja que ella no se encuentre ocupando del todo el centro de esta cama enorme, y desde mi asiento puedo alcanzarle la bombilla para que beba sin tener que cambiar de postura.

- Antes que nada, debo indicarle mi nombre. Soy conocido como Al-Hazred, y soy solo un hechicero más de las tierras de Kil'Daggoth, nación donde se encuentra usted ahora mismo. - Nuevamente, mi voz no es ni forzada ni fingida, solo tranquila, dejando que se destaque cierto respeto a la hora de dirigirme a esta dama. - Entre las ruinas estaba usted, vagando sin rumbo y sin luz en los ojos, con muy poca vida en su ser. Sin embargo, al haberla hallado, no iba a permitir de ninguna manera que fuese abducida por la muerte. - Es una conversación muy tétrica para quien recién despierta, y es algo que admito como un grave defecto mío, sin embargo ocultar su estado y los acontecimientos que la han traído hasta la morada de un loco, no deberían ser obviados; es su derecho saber todo, y cuanto ella pregunte, así le será respondido. - Debo aclarar que usted se encuentra fuera de peligro ya. Mi recomendación es que haga uso de esta habitación de ahora en adelante, por todo el tiempo que desee. No tenga prisa alguna, sino que piense en recuperarse como es debido. - Dudo severamente que bajo los conceptos en que seguro esta dama fue criada, encuentre confiable todo este entorno. Lamentable, pero es lo único que puedo ofrecer. La ausencia de luz no es algo que me afecte.

Es algo que creo jamás he poseído.
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Mensaje por Credens Justitiam Sáb Mayo 03, 2014 12:36 pm

Le costó hablar en un momento, pero aunque su sonrisa podría ser producto de su nerviosismo al no saberse donde estaba, se convirtió en una más sincera. Quizás las palabras con las que ha sido recibida ha sido un lindo consuelo. Nunca habría esperado el nivel de formalidad con la que ha sido tratada, mas aun considerando que no está lo suficiente lucida como apreciar en su totalidad todas las palabras y sonrojarse –o mejor dicho, alterarse-por el hecho de que se encuentra en la morada de un hombre ni siquiera conoce. Mientras, ha de preferir contemplar a esa persona que ha decidido ayudarla de lo que parecía ser un destino horrible. Va a observar cómo se desenvuelve, con una particular solemnidad tenebrosa y un tono de voz profundo pero a su vez, suave, como si buscara hablarle a un pájaro para no espantarlo y hacerle echar vuelo. Y aunque es una bonita comparación, es difícil tener en cuenta que por mucho que Candelaria deseara huir volando de ese lugar, sería imposible.

Aunque lo que más le va a llamar la atención, es como ese señor, se mueve sin siquiera abrir sus ojos o eso en apariencia. Si es realmente como luce, no puede evitar sorprenderse un poco. Ha manipulado una jarra con agua, que hasta ese momento estaba fuera de su rango de visión, con total perfección. Ha vertido un poco de su contenido en una copa de cristal con una pequeña bombilla, bastante necesaria considerando que no ha podido realmente moverse ni un poco. Algo avergonzada, sentimiento que se podía ver perfectamente en sus facciones, responde –G… Gracias señor…- con agradecimiento sincero, y también un poco de los nervios propios de estar siendo “alimentada” en la boca por un completo desconocido. Tan solo ha de mover un poco su cabeza para poder acercarse y beber unos cuantos sorbos de agua, pequeños y de forma suave para evitar que el liquido cayera mal a su estomago que recién despierta, como el resto de su ser. Son solo unos segundos, hasta que finalmente deja de sorber, y se acomoda nuevamente en el lecho. En ese instante, ha de dedicarse a oír lo que él deba de decirle, pues ha hecho una pregunta que aun no ha sido respondida, y algo le hace sospechar que ese lugar con luz penumbra no se puede tratar, de ningún modo, de su añorado y hermoso Paradisso.

Y apenas empezó a hablar, fue despejando esos presentimientos de que si, en realidad no estaba en su tierra de sol dorado y suelo de bronce. Kil´Daggoth era una nación muy lejana y casi demoniaca a los ojos de su gente, puesto que habían aceptado a al caos desde siempre, por el modo de cómo surgió esa tierra. Candelaria no quiso hacer ningún comentario, ni adelantarse a cualquier clase de prejuicios. Si, su rostro se preocupo, pero podría tener la esperanza de que “no eran tan malos como parecían”; después de todo, este no era el reino que se levanto contra el suyo.  Su temple se vislumbraba mucho más serio, mas aun esperaba que tuviera alguna buena noticia que darle. Tenía la esperanza de que mucho de lo que recordara fuera en realidad, parte de una horrible alucinación surgida a base del dolor y la pérdida de sangre que supo tuvo, apenas escucho sus alas reventar desde su espalda. No obstante, no dijo nada que no supiera, o al menos pretendiera recordar. La simple aclaración de que él la hallo a ella y que su deseo de momento era que se reponga. Bastante considerado y solidario, considerando que ella se habría esperado que este señor hechizero presentado como Al-Hazred, del cual parecía gozar de una buena situación económica con lo que podía ver de esa habitación, no la hubiera tomado como esclava. O eso es lo que al menos hacia pensar de momento. Ciertamente no podía confiar del todo en su palabra, pues en su mente retumbaba demasiado las enseñanza de sus superioras y el fuerte prejuicio de que absolutamente todo al otro lado del mar, era corrupto y malévolo. Mas si ambos actuaban una sonrisa amigable, no era ella quien para salir de ese juego un tanto confuso.

-Gracias… Señor, Al Hazred… Por salvarme…-
Menciono, un poco entrecortada, modo propio de hablar de aquellos que están recuperándose de horribles traumatismos físicos.  Su rostro se veía contrariado, más que nada porque no escucho lo que le habría encantado oír. Y aunque podría quedar un poco desubicada, intento cobrar fuerzas para replantearle su duda a ese caballero de cabellera rubia que caía hasta sus hombros. Tomo un poco de aire, para darse fuerzas, e intento pronunciar. –Di… Disculpe… Pero… ¿No… No había nadie… mas? Digo… A quien pudiera… Haber ayudado…-  Logró terminar de hablar, mas era obvio cual era la situación de ella. Sus ojos ambarinos se empezaron a llenar de lágrimas, cristalizándose puesto casi anunciaban que clase de respuesta seguramente recibiría. Sabía que no debía de llorar, y le enseñaron que estaba mal demostrar debilidad, mas aun considerando que había sido educada para representar la firmeza de ideales y de corazón de aquellos que vivían bajo las normas del Único Dios. Cerró sus ojos por un segundo, donde la primera lágrima se deslizo por su mejilla, mientras su voz temblorosa se animaba a preguntar de nuevo. Era necesario saber, en ese instante, si había razones para seguir viviendo o simplemente dejarse llevar por la muerte como el resto de sus compañeros. -¿O todos estaban muertos…?-  Logró finalmente decir, a pesar de todo, sonriendo, como si ya no le quedara otro modo de poder resignarse a la verdad…

¿Estaría todos muertos…? ¿A quién se supone que llevaba esa agua que figura como su ultimo recuerdo lucido…?
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Mensaje por Al-Hazred Sáb Mayo 03, 2014 6:40 pm

No recuerdo cuando habrá sido la última ocasión, en la que he asumido el papel de un humilde servidor y he acercado a labios ajenos bebida alguna. No tengo remembranza de situación, en la que haya asistido a alguien en lugar de inspirarle con palabras despectivas y referentes a la detestable debilidad. No poseo memoria de condición en donde haya permitido que alguien ocupase un lugar en mí morada, ni estando en la peor de las vicisitudes, o en la mejor de las fortunas. Asocial no me considero, menos detestable, más si considero que cada quien de los que han estado bajo mi círculo de conocidos y asociados, tienen bajo su poder suficientes recursos para sustentarse y no requerir ayuda de ningún tipo. Entonces, ¿Que ha hecho que yo, Al-Hazred, me apiade de una doncella cuyo nacimiento apunta hacia castas donde el Orden es la suprema autoridad? ¿Que pude "ver" en su espíritu y cuerpo destrozados? Miserable era su estado, cosa que se puede reconocer sin profundizar demasiado, igual que todo lo que rodeaba a su presencia que yacía desperdiciado y mancillado en el suelo, aniquilado sin conocer perdón o misericordia, marcados por el paso del tenebroso Señor Oscuro, Rey del Caos que trajo al Nexo y heraldo de las infinitas vertientes que representan esa magnánima fuerza.

No es algo que pueda determinar con certeza absoluta, no me atrevo a argumentar que tengo la respuesta a esa interrogante, y en realidad me deje llevar por un instinto más personal que propiamente teatral. En debates mentales, he sostenido la idea de que fui cautivado por el temple que puede albergar en su corazón, inadvertido tanto para ella como para mí, dado que ella transitaba por donde justamente yo me encontraba. Motivo no tenía yo, ni para deambular por entre las cenizas de una nación hecha de marfil y oro, ni de extraer elemento tanto vivo como muerto de un lugar que siempre demostró enemistad. Puede que de no ser por su inocente accidente, ni me habría molestado en proporcionarle ayuda. Sus pasos fueron los que llamaron mi atención, más fue el contacto con su maltrecha figura lo que capto mi interés, al no haber ni siquiera una queja por parte suya, de las que se esperan puedan haber al momento de cometer un inesperado choque, y el derramamiento de agua que parecía tener una finalidad mayor a la de verterla sobre las ropas de un extraño.

Despierta se encuentra, y oculta el silencio de esta casa con su voz. Una voz débil, pero viva sin lugar a dudas, que expresa agradecimiento sin tomar en cuenta la situación que podría desencadenar su presencia, o dejándose llevar por prejuicios y enseñanzas mal habidas que seguro inculcaron en su crianza. Es un punto a su favor que pueda apreciar mis atenciones, no por vanagloriarme, sino por estar satisfecho de que por sí misma es capaz de entender lo que es un gesto de paz y altruismo; no se encuentra cegada por un fanatismo ridículo.

- Oh, no hay de qué preocuparse doncella. Salvarla no ha sido problema, y de no haberle prestado auxilio, no me sentiría conforme conmigo mismo. Espero que usted se sienta mejor... - Argumentar esas palabras pueden sonar algo desubicado, y lo se bien, si se compara que en un pasado ella se encontraba en un estado donde el dolor era una ilusión muy distante, contrario de lo cercana que la muerte era, al haber alcanzado a una gran parte de la población que como despojos podían sentirse tirados entre escombros, tanto civiles como sacros luchadores, y canonesas ultrajadas por los monstruos. Sobrevivientes seguramente había, pero percatarme de ninguno pude. Se asume que debieron haber sido transportados como prisioneros al Nexo, y otra parte debe encontrarse todavía escondidos bajo las piedras y el mármol de sus estructuras arcaicas. Es entonces cuando llega su pregunta de mayor peso, aquella que busca un hálito de esperanza, esa que desea con fuerzas de que al menos una cosa viva haya quedado en pie. Mi sonrisa desaparece para expresar neutralidad, pues mis palabras no pueden tener un semblante jovial a la hora de pronunciar una sentencia como esta, más incluso convaleciente ella está en todo su derecho de conocer lo que ha acontecido en su patria.

- Lamento ser portador de tal conocimiento, doncella, pero en mi búsqueda solo pude percatarme de su presencia vital. Aquellos que le rodeaban entre las ruinas... Ya se encontraban más allá de toda esperanza. Usted es la única que en encontrado en pie, prevaleciendo por si sola. - Antes de continuar con todo esa anécdota trágica, sirvo en la copa vacía un poco de la dulce poción que servirá como medicamento para el dolor, y con la misma gentileza que anteriormente demostré, acerco la misma sosteniendo la bombilla para asistirla en la bebida. - Asumo que sobrevivientes debe haber, pero los mismos se habrán refugiado en rutas desconocidas para mí. De momento, beba por favor de esta sustancia medicinal. Es un poco dulce, pero tolerable, y contribuirá a la sanación de sus heridas y a recuperar un poco la movilidad. - Coloqué al menos cuatro sorbos completos de esa solución en el cristal, suficiente para que las pueda consumir sin proporcionarle malestar al sorberla y en cambio ayudando a que pueda moverse un poco.

- Perdone si resulto imprudente con mi interrogante, pero quisiera saber si tiene consciencia de lo ocurrido. ¿Puede recordar algo, incluso si es solo su nombre? No se vea obligada a responder, pero podría facilitar a su recuperación el hecho de que se mantenga lúcida, a menos que desee continuar reposando. - No deseo castigar su tristeza con una cruel realidad, pues puedo percibir que de ella proviene un llanto silente, sin nada de fuerzas, como si no desease importunar, o se encontrara en un luto muy personal.

Después de todo, su vida brilla donde la ajena se extinguió.
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Mensaje por Credens Justitiam Mar Mayo 06, 2014 11:09 pm

Pensó que todo podría ir mejor. Confiaba plenamente en que si ese hombre la había salvado, podría haber tenido suficiente corazón para acudir al auxilio de otros necesitados. Pero toda pizca de esperanza contenida en su corazón, se esfumo como fuego al que le habían echado agua. El ver como a este caballero de temple impecable se le desaparecía la gallarda sonrisa, no era absolutamente un buen augurio. Obviamente necesitaba estar serio para lo que pudiera llegar a comunicarle, aunque eso concluyera en que su debilitado corazón se amargue nuevamente. Tal como sus ambarinos ojos enjuagados anunciaban, no tardo demasiado en llorar de nuevo. Lloraba en silencio cada vez que seguía hablando el hombre que logro rescatarla. No podría culparlo de absolutamente nada, porque a pesar de que no recuerda como él dio con ella, recuerda bien que intentaba ayudar a gente que estaba demasiada herida. Pequeños flashes sanguinolentos y con heridas terribles llegaban a su cabeza, intentando justificar el reaccionar de este hombre. No obstante, absolutamente todo no podría estar perdido.  Él mismo lo dice, y la hace intentar parar un poco las lagrimas que ahora están mojando la almohada.

-Entonces…. Aun hay esperanzas…- Piensa, mientras intenta controlarse en la demostración de su miseria. Capaz estaba postrada, y ciertamente no podía levantarse, pero algo que siempre le habían enseñado era que debía tener dignidad, aun cuando no la tuviera. No lo va a considerar, pero de haber estado en esas condiciones no habría sido nada extraño que la forzaran a estar de pie y caminar, pues sería una gran lección de auto superación y adiestramiento. Después de todo, había fallado en el campo de batalla, y eso era como fallarle a su Único Dios, por no haber sido lo suficientemente fuerte, ya sea tanto en cuerpo como en espíritu. Y no solamente a su ente supremo, sino a su mismo pueblo que esperaban de ella como de sus compañeros, una mejor hazaña mientras ellos rezaban con fervor en sus hogares. Obviamente, ni sus cuerpos, ni los rezos habían sido suficiente para lograr vencer a la fuerza del caos, al cual pudo ver su rostro… Y entonces, mientras hundía nuevamente su rostro en la almohada, cerrando sus ojos con cansancio y permitiendo escapar otro par de lagrimas, su rescatista le hablo.

Candelaria le contemplo por unos segundos, en los cuales el volcaba una especie de liquido extraño sobre una de las copas donde anteriormente le había facilitado el beber agua. Era ciertamente poco, pero aun así de un color que no había visto antes. ¿Le fallaban sus ojos, o eso era precisamente de color violáceo…? Le daba cierta impresión, considerando que hasta el mismo vino a lo mucho podía tomar un color rojizo, más no violáceo. Si hubiera sido más niña, podría haberse imaginado que en realidad se trataba de un poco de veneno, pues el mismo color es turbio y por lo tanto no muy amigable. Al menos no a los efectos que se busca en una medicina. En Paradisso cuando debían de curarla, por lo general tiraban ungüentos sobre su espalda y recitaban algunas cosas, durante ciclos que debían cumplirse a rajatabla. Claro, si es que de entrada no aparecía algún sanador para poner de manera rápida, el fin a su malestar. Si debía ser sincera consigo misma, Candelaria jamás había sufrido la enfermedad de ningún modo mientras su reino fue potencia del continente oriental…

Y aun, antes de que intentara levantarse nuevamente, Al-Hazred como se había presentado, seguía hablando. En esta oportunidad, increpaba con su nombre, cosa que debió haberle proporcionado en un primer instante. También, pretendía sentir curiosidad por las últimas memorias que tuvo. ¿Qué clase de pregunta era esa? ¿Realmente deseaba saberlo, o es que quería constatar que no se trataba solo de una loca mas suelta? Lo último vino a raíz de las palabras que uso al final. Candelaria no se encontraba de muy buen humor, pero aparento con esa sonrisa derrotada el tener más paciencia de la que podría otorgar ahora. Diría todo eso, pero era necesario saber algo antes.  -¿Qué… Tipo de medicina es…?- Pregunto, mientras intenta levantarse levemente para poder observarla mejor. No se acerca a la misma, pues aun no tiene intenciones de beberla, no mientras no sepa que esta bebiendo. Ironico que sea desconfiada en ese instante, pero no es rebuscado el pensar que esa cura puede estar imbuida en magia del caos y no es algo que precisamente desee tener corriendo por sus venas en ese instante.

Suspira entonces, antes de buscar palabras para narrar quien es ella, y que es lo último que ha sido de su vida mientras todo marchaba según como fue siempre.

-Me llamo María Candelaria… De Paradisso. No tengo padres, ni familia más que la que conformaba el Templo dedicado al Dios Único, Señor…- Aclaro en un comienzo, pausando por instantes y cerrando sus ojos como si viejas memorias asaltaran su mente. Podía visualizar parte de su infancia vistiendo los hábitos y aprendiendo a rezar y ser un símbolo de paz en la comuna. –Me educaron con las enseñanzas del Dios Único… Y termine formando parte del escuadrón de defensa… Yo… Yo tenía alas, Señor…- Menciono, deteniéndose dudosa mientras hablaba con cierta amargura ante su última declaración. Cerró los ojos, intentando sorber sus lágrimas, pero el silencio era poco encubridor con su dolor. Necesito un poco de tiempo para seguir teniendo fuerzas al narrar. –Me tocó enfrentarme contra el Señor Oscuro junto a compañeros. Fue el…- Se detuvo otra vez, con dolor y pesar en su voz. No pudo simplemente ignorar como amigos de toda la vida simplemente cayeron ante lo implacable y destructivo del caos. Era un monstruo, quien decidió aniquilarlos sin posibilidad de merced o piedad alguna. –Él me arranco las alas y con eso creyó haberme matado, pero no…. –. Por cada palabra en la que avanzaba Candelaria en su historia, su voz temblaba aun más. Tenía miedo de contarlo, pero sobretodo vergüenza. Ella se sentía culpable aun siendo una víctima más. –No vencí… Y no morí…. Y no pude ayudar a nadie más… Porque ellos ya estaban… Estaban….- Murmuro, con lágrimas recorriendo sus mejillas esas palabras. Cerraba sus ojos porque tenía vergüenza, y si ahora sentía dolor, era el dolor de la pena y vergüenza. Merecía no tener más alas, porque salvación no había traído a nadie.

-Me merezco esto…- Murmuro, muy bajo, agobiada por su propia culpa.
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Mensaje por Al-Hazred Jue Mayo 08, 2014 12:37 am

Desilusión, es la definición que seguro se dibuja en el rostro de esta doncella, pues su voz parece quebrarse con cada frase que intenta fabricar, en un intento de vencer a la impotencia y a la derrota, y de responder la petición del loco que si bien la ha salvado, no hace nada para sanarla. Oh, Al-Hazred, eres maligno hasta cuando no deseas serlo, y castigas a esta pobre alma a revivir eventos que mejor hacen permaneciendo en el olvido para luego convertirse en una olvidable mentira. Lágrimas muy amargas seguro caen de sus ojos, que imagino han de ser de un claro color, comparables al brillo que su presencia emana incluso en un estado tan lastimero como lo es la forzosa amputación. Mita Ashley describió sus heridas como pozos sangrantes, e incluso cuando la transporté entre mis brazos, pude percatarme de la gravedad de las mismas, que continuamente eran el punto de origen de dos ríos sanguinolentos que mancharon sus destruidas ropas, e incluso bañaron un poco las mías. Oh, desesperación, surgida en medio del epilogo de una batalla, que no todos han podido ganar pero ella se ha alzado como victoriosa, contra la desidia de su cuerpo destrozado que con esfuerzo innato intentaba al menos salvar algo.

Pero perspicaz y alerta se encuentra esta señorita, que incluso consciente de que no tiene salida o siquiera la posibilidad de moverse, se mantiene al tanto de su integridad al preguntar la clase de brebaje que es lo que sostengo para ella. No puedo negar que siento la dureza del rechazo, más es completamente comprensible, si se trata de un extraño que la ha apartado de su tierra y no le permitió tener una muerte de guerrera. Aclaro mi garganta un poco, y aparto con una leve sonrisa esa copa con medicina, que encuentra su destino de vuelta en la bandeja; le tocará esperar un poco para ser bebida.

- No debe preocuparse por el contenido de esta pócima. Son extractos de las algas que crecen en nuestras bahías, que gracias a una preparación similar al de cualquier infusión, dan al agua esta coloración. Se les añaden algunas gotas de agua fría, y sus propiedades salen a flote. No es recomendable tomarla si uno se encuentra enteramente saludable, es lo que debo advertir... - No puedo dar pruebas de que mis palabras son estricta verdad, y eso ha de significar que con insistencia no lograré ofrecerle una mejor impresión de mis intenciones. Es una lástima, pues este brebaje puede que no sea el que aporte la sanación más visible, pero proporciona mayor alivio inmediato al ser consumido. Oh, rechazo, que inadvertido puedes llegar y poco es necesario para que te hagas presente, más presión no quiero colocar sobre los hombros de una doncella de la que poco sé, pues su supervivencia sobrepasa y por mucho a lo posible. Es una historia que quiero conocer... Desde mi interés, como por su salud; si puede recordar, entonces su mente no ha sido dañada.

Desgarradora llegar a ser su anécdota, más cuando toca puntos que indiscutiblemente llaman la atención, considerándola no solo afortunada sino también demasiado valiente. Enfrentar cara a cara a aquel que gobierna los misterios inexplorados del Nexo, y sobrevivir a su influencia maldita que incluso consumiría a los usuarios del Caos, indica que ella no estaba destinada a encontrar la muerte. Por penurias ha pasado desde antes de que fuese arrojada a la tempestad de la guerra, y no parece temerosa de decir que aceptó en todo momento a su casta y a su creencia, y la defendió con todo lo que tenía a su alcance. Incluso entregando una parte de ella que jamás retornará, a cambio de una segunda oportunidad de vida que  resurgida fue de entre las cenizas de su propia cuna. No puedo entender su dolor, no he vivido la dolorosa pérdida de la ciudad natal al no sentir nada de remordimiento por lo que hace mil años hicimos a Fyndlion, más si puedo comprender lo que es perder un ser querido, sin importar que yo mismo haya sido el responsable por la atrocidad que cometí. Oh, pero esta alma... Rota por el dolor de su espíritu y su cuerpo, sufre de una forma que los que somos como yo, jamás entenderemos probablemente.

- Doncella... Puedo entender que tu calvario supera cualquier tristeza, e incomparable sin duda es. Pero, toma en cuenta las palabras de este desconocido, que te dice que no hay nada de culpa en ti con lo que ha ocurrido, ni mereces nada de lo que ha caído sobre ti... - Pruebas hay demasiadas de que mis palabras hablan solo sobre la verdad. Mi expresión podrá parece cercana a la solemnidad, y estoy seguro que es una emoción que me caracteriza bien en este momento. Es inverosímil pero verídico, el hecho de que me encuentro corto de palabras por primera vez en toda mi segunda existencia, sin hallar versos que expresar a una joven que en primer lugar no se supone deba haberla salvado. ¿Qué clase de instinto innato me ha hecho obrar fuera de los parámetros del libreto? ¿Ha sido el mismo Caos quien ha intercedido como guía imperceptible para manipular mis acciones? La improbabilidad es la autora en esta ocasión, más no colocaría ninguna prueba que no pueda superar.

- Me disculpo enteramente por haberla hecho rememorar. Mi intención no ha sido la de herirla todavía más; entienda por favor, que ha sido sometida a un daño muy severo. En el estado que la encontré avanzando sin dirección fija aparente, no reflejaba nada de sanidad y por el contrario parecía sumida en un profundo abismo mental. Tenía que comprobar que su psique está intacta. - Hago una pausa para comprobar los sonidos de su voz, de su respiración, de cómo incluso pueda moverse un poco sobre ese lecho que la contiene entre sabanas sedosas que funcionan como un abrazo. Su cuerpo ahora se encuentra desprovisto de protección alguna, más su figura y su dignidad se encuentran a salvo en este cuarto; no es posible para mí posar la vista en ella. - Intente reposar, y no se dé por vencida. Usted ha sido muy fuerte, tanto que incluso perdida y desprovista de raciocinio, buscaba llevar agua a alguna parte. Con esa acción, usted ha confirmado que en alguna parte debió haber sentido vida, y de forma inerte transportaba un cántaro con lo último de sus fuerzas, por si llegaba a encontrarlos. Usted está viva seguramente gracias a que varios de ellos puedan seguir estándolo. - Finalmente en mi rostro se dibuja una sonrisa. No piadosa ni forzada, sino una que pretende transmitirle fuerzas. Con eso, tomo la copa nuevamente entre mis manos, y la bombilla sujeta está con mis dedos, para guiarla despacio una vez más en dirección ajena.

- Beba, por favor. Prometo que aliviará la sensación de dolor de su cuerpo. Si luego desea dormir, me retiraré hasta que despierte.
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Mensaje por Credens Justitiam Jue Mayo 15, 2014 11:37 pm

El cansancio solo hacía que sus lágrimas dolieran cada vez que caían. Si era una extraña manera del destino de decirle que no merecía cargar con tanta culpa, no estaba dando realmente un buen resultado. En todo caso, le hacía arder un poco mas su mirada que estaba cansada, propia de quien estuvo caminando entre el polvillo y el humo aunque no es algo que precisamente recuerde demasiado bien en ese instante. Aunque lo obvio, es que no desea pararse. Enjuaga su llanto entre las sabanas, al cuales resta importancia y protagonismo en ese instante porque su suavidad no son un verdadero consuelo sobre su cuerpo que ahora quedara marcado para un siempre. Ni siquiera ha terminado de notar que no hay ropa alguna sobre su cuerpo, y ciertamente esta mas inmiscuida en sentir pena por si misma, que por agradecer aun estar viva.

No obstante, alguna pequeña porción de lucidez, le permite escuchar, y ver de reojo al hombre que ahora la está cuidando. ¿Cuidando? ¿Podría darle esa atribución a este hombre que la ha rescatado? No puede pensar con total claridad, y ponerse en una posición demandante. Es más, debería estar muy agradecida de que haya despertado en una cama sin cadenas que la contengan en sus movimientos. No solo sería una horrible pesadilla el no haber muerto en batalla, sino despertarse como una esclava en un Reino donde todo es diferente a lo que ella considera debe ser.  Por eso, se da fuerzas para calmar un poco su llanto, aunque no está lista para superar el duelo tan rápido. Sus labios tiemblan, como si deseara sonreír a la fuerza, pero la están traicionando porque solo desean seguir sollozando y morderse en un angustiante mutismo. El mismo hecho, de estar en ese momento escuchando el consuelo del hechicero Al-Hazred, le hace sentirse un poco mas débil, al haber encontrado un lugar donde ser débil. ¿No es raro entonces, que el espíritu termine de mostrarse vulnerable, cuando más protegido esta? Si bien el no la esta abrazando, cosa que sin duda seria en extremo doloroso, y por supuesto muy mal visto considerando que no son absolutamente nada, debería admitir… Qué bien lo habría deseado de esa forma…

En ese instante duele no tener un padre, ni una madre que la acurruquen y acaricien sus cabellos haciéndole sentir que todo estará bien, aunque fuera una gran y horrible mentira. Este hombre que tiene en frente suyo, que es rubio y de piel pálida, bien podría haber sido la imagen de aquel que la engendro y decidió que su mejor destino sería el ser criada por sacerdotisas de costumbres de hierro. ¿Habría acaso alguna mujer en este lugar, con la que por milésimas de segundo, la pudiera alucinar como su propia madre…? El dolor es algo impasible, y siente que su espalda arde con mayor incomodidad. No se dará cuenta, pero las vendas en su espalda de a poco se tiñen nuevamente de rojo, pues lo más seguro es que algún capilar o pequeña vena se ha dañado nuevamente, y pierde de nueva cuenta sangre que debe coagular.  Es entonces, una suerte que Al-Hazred, insistente, acercara nuevamente ese vaso con medicina a su boca, cual padre preocupado cuida de su retoño.

-Gracias…- Murmura, un poco débil hasta para hablar, haciendo el esfuerzo de finalmente beber ese liquido que no lo ha encontrado muy agradable, pero tampoco en exceso insoportable. No le ha dado arcadas, gracias a los cielos, y como ni bien sorbe lo que le corresponde, deja caer nuevamente su cabeza sobre la almohada.

Las lagrimas empiezan a secarse rápido, como lo son todos los líquidos salados, mientras la mirada ámbar de Candelaria se posa en la figura ajena. De a poco sus parpados se cierran, con cansancio, en un profundo sueño, preguntándose a si misma…. -¿Por qué él no abre sus ojos…?-
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Mensaje por Al-Hazred Sáb Mayo 17, 2014 1:08 am

La grandeza de una persona se mide por sus actos, eso es un conocimiento general. Sobrevivir podrá ser visto como una vil cobardía, pero como un director, discrepo por completo de ese concepto si la vida está en juego, y las acciones futuras demuestran el deseo de la redención. Es más que evidente, que esta doncella sufre más por el peso de su consciencia, que por la severa mutilación que su cuerpo ha experimentado, y se culpa con total pesar sin hacer justicia al innegable hecho de que ella ha vivido, ha soportado el castigo más inexorable que seguramente puede haber, que fue soportar la presencia del imponente Señor Oscuro. Su mano la hirió directamente, y ha dejado a su alma con una agonía sin fin, que la carcome y la debilita cada vez que ese recuerdo golpea su mente. No hace falta ahondar en esa memoria que ya la he obligado a revivir, pero su temple no debe ir sin reconocimiento, al haber encarado a una personificación del Caos y haber no solo sobrevivido, sino mantenido su cordura indemne. Es un cumplido que por ahora me reservaré, más no olvidaré.

- No es necesario agradecer, doncella. Nada me cuesta proporcionarle esta atención, y lo relevante es que usted se encuentre estable de salud. - Oh, destino, que puedes sorprender con giros indescifrables en cualquier momento, y por cuestiones demasiado ajenas a una consciencia lógica me haces quedar a mí, Al-Hazred, como una suerte de salvador oportuno y oportunista. No es mentira cuando digo que alrededor de ella solo había muerte, descomposición y decadencia de la vida, y sorpresivo fue que logre hallar vida en una persona, cuando realmente me encontraba buscando rastros pertenecientes a los habitantes del misterioso Nexo, para así descubrir un poco sobre ellos. ¿Quién sabe? La suerte o el favor divino tal vez me hubiese concedido una pista, un elemento de estudio, y pudiese conocer a partir de ello un poco más acerca de nuestros propios Dioses Primigenios y Exteriores. En su lugar, he encontrado no algo, sino alguien, que cuya presencia y estado me hizo replantear mis prioridades, y sentir una incomprensible necesidad de protegerla de destinos innombrables y humillantes, siendo uno de esos la propia muerte. Oh, fallecimiento... Si bien en su momento yo he enviado a ilusos al descanso eterno, me atrevo a decir por conveniencia, que al salvar a esta mujer yo me impongo victorioso sobre el Orden de la Muerte.

El sonido de la puerta es un anuncio de que alguien ingresa en la habitación. Es un acuerdo que desde el principio he mantenido con Mita Ashley, dado que su silencio y presencia son tan terroríficos y secretistas, que me es imposible saber dónde se encuentra si no realiza ruido alguno. Puedo sentir una palmada entonces en mi hombro derecho, una de las señas que ella ha inventado para reconocerla, y con eso puedo percatarme de que ahora se encuentran tres personas en la habitación. Puedo percatarme de como la mucama toma la copa de mis manos, para colocarla con delicadeza en la bandeja de la mesa. No tengo idea que puede planear esta chica en este instante, más es propicio que asista para comprobar el estado de nuestra invitada.

- Hum hum, espero la señorita se sienta mejor. Debo cambiar estas vendas antes de permitirle dormir.

Ese susurro psíquico es probable que haya sido transmitido también a la doncella que se encuentra durmiente. Es un indicativo de que por el bien de su integridad, debería retirarme por esta noche. Sin más que decir, me coloco de pie y muestro una noble sonrisa, antes de despedirme con una leve reverencia. - Por respeto a su sueño y a su persona, me retiraré por esta noche doncella. Espero pueda dormir de manera adecuada, y no tema por la presencia de Mita Ashley. Esta joven ha sido quien aplicó tratamiento a sus heridas en primer lugar. - Con esas palabras tomo la delantera, marchándome despacio de la habitación al rodear ese lecho en donde la doncella reposa, y cerrando la puerta detrás de mí. No tarda entonces, el silencio sepulcral en llegar como un castigo obligatorio, y que a solas parece danzar junto a la luna roja para dar un ambiente tétrico a esta mansión. Incluso yo, que me jacto por excelencia de no conocer del miedo, puedo admitir que esta casa produce perturbación por su ambiente. Sin embargo, esta luna carmesí que puedo sentir con toda naturalidad, parece acompañarme y mantenerme tranquilo, sin permitir que divague entre mis locuras e ideas de libros que nadie nunca leerá.

Minutos que mueren muy pronto, es lo que tarda la sirvienta en salir de los aposentos y cerrar la puerta tras de sí, antes de palmear mi hombro derecho una vez y dirigirse a mi persona.

- Se ha aliviado un poco, pero de verdad su destino no era morir. Al-Hazred, espero te hagas responsable de ahora en adelante.

- Hm, no es necesario que hagas acotaciones como esa. Más relevante, ¿cómo se encuentra a nivel de sanación? - Sin dar importancia a sus juegos habituales que por más de dos décadas han provenido de ella. Ella, aunque indiscreta e inoportuna, parece mantener la decencia y compostura en momentos como este, y que ella seguro entiende la razón. No hizo ningún comentario al respecto, más que un audible suspiro.

- No hay mucho de qué hablar. Es afortunada... Nadie debería sobrevivir eso. Hasta tu sabes, Al-Hazred, que la presencia del Señor Oscuro es la más pesada de todas. Tan solo su mirada sería capaz de matar.

- ... Una razón ha de haber. Seguro estoy que su vida no se encuentra aun ardiendo por misericordia. Algo superior ha intervenido, y no creo equivocarme cuando digo que eso entra en el terreno de la naturaleza conceptual. Es una luchadora, independientemente, al haber demostrado que en efecto merece vivir. - Ratifico que mis palabras no son pura habladuría sin sentido, o que solo estoy alabándola por considerarla un hallazgo sin igual. Por ahora he de mantener el silencio... Y una noche entera habrá de transcurrir, la cual sé que encontraré especialmente duradera.

Por ahora que descanse... Mañana ha de ser el día más duro que deberá enfrentar.


Última edición por Al-Hazred el Dom Jul 27, 2014 2:50 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Credens Justitiam Dom Mayo 25, 2014 4:53 pm

Ha sido unos segundos en los que ha cerrado sus ojos, y ha sido lo suficiente para que nuevamente quede sumida en un sueño del cual no piensa despertar… Hasta al menos dentro de unas horas.

La muerte no es una opción para ella, a pesar de que así lo habría preferido hacia unos minutos o días atrás –si es que no fue mas o menos-, cuando fue derrotada por aquel que todo lo malo le representa. No tiene mucho mas que hacer su cuerpo, o ella, que intentar reponerse de esas horribles heridas que no la dejan ponerse en pie, e ir a hacer algo con su vida. Y vaya que tiene muchísimas cosas que hacer, porque simplemente se encuentra desde cero. Ha de reconstruirla, juzgando si es mejor volver a su tierra cuna o explorar las posibilidades que le presenta esa nación de la cual tantos horrores le han hablado. En todo caso, ¿Será tan así el reino de Kil´Daggoth, si ha sido rescatada por una figura infundida en sus enseñanzas y magia? De ningún modo ha de negar que no ha sido escabroso el encontrarse con su salvador, y el ambiente en si que la resguarda de todo lo malo que le ha pasado. Pero si este hombre, que ha aceptado hacer uso del caos, aun puede ser compasivo, ¿Hay probabilidades de que el resto l Reino sea igual…? Ellos no han sido justamente quienes han atacado a su gente, mas si están en el lado simpatizante de la causa del problema. Es tan confuso poder sacar conclusiones. Mas no es una tarea de urgencia en ese preciso instante. Lo más importante, es sin duda alguna el que tiene que recuperarse, ponerse en pie, y aprender a caminar nuevamente sin sentir el peso de lo que fueron alguna vez las bellas alas que adornaban su espalda.

Candelaria duerme, por largas horas. Sin jamás notar como apenas ha salido Al-Hazred ingresa una figura femenina que va a ser la encargada de cuidarla, no solo en ese momento, sino seguramente mientras aprende a caminar nuevamente. No va sentir el instante en que es descubierta de las sabanas que la tapan y como con delicadeza remueven vendan que se han debido manchar con su propia sangre para que de a poco, comiencen las mismas a cicatrizar. Maravillas han hecho las pociones que le estuvieron proporcionando, aunque solo recuerde haber tomado una en su lucidez. Si su espalda sangra, es por la gravedad de sus heridas, pero se están cicatrizando lo suficientemente rápido como para que su sangrado no sea un motivo de muerte. Unas pomadas extrañas y líquidos que son rociados sobre su piel son puestos, antes de nuevamente cubrirla con vendas que se adhieren a sus hombros y parte de su pecho. Posteriormente, ha de retirarse ella, quien la deja descansar a sabiendas que su sueño será ininterrumpido hasta que se haga el amanecer de nuevo. Mas considera justo el abrir las cortinas de uno de los ventanales de la habitación para que ella conozca, que clase de amaneceres se dan aquí, en la misteriosa Kil´Daggoth.

…..

Ha dormido lo suficiente, o eso siente cuando lentamente vuelve a abrir sus ojos un poco cansada. No desea moverse, pero se ve obligada a manipular con sus manos un poco de los cabellos ondulados que se le han amontonado en el rostro. Se da cuenta en ese instante de que no porta absolutamente nada de lo que recuerda haberse calzado por última vez en su hogar. Recuerda que quedo descalza luego de la batalla y parte de sus vestimentas fueron desgarradas por la violencia del combate. No obstante, sabía que lo único que había permanecido en sus pocas memorias lucidas eran el par de broches dorados con los que solía atar su cabello… Si ellos estaban ahí, le gustaría volver a verlos, pero para eso, era demasiado necesario el poder moverse…. – Me siento un poco mejor hoy… ¿Acaso podré….?- se dijo a si misma en pensamientos, mientras una furtiva y soñolienta mirada recorría la habitación donde estaba sola.  Suspiro, profundo, buscando hacer la fuerza para levantarse, lo cual fue relativamente mas fácil delo que creía que seria. No sería consciente que aun estaba haciendo las mismas fuerzas que cuando sus alas permanecían en su espalda, pues el pequeño susto de encontrase descubierta en su busto, la alarmo mas que nada. Rápidamente con las sabanas se cubrió, exaltada, revisando que realmente no hubiera estado nadie en ese lugar para observarla.

Pero algo la termina de dejarla estupefacta, y es la luz de lo que es… ¿La mañana? ¿Es tan débil la luz del  amanecer, o acaso hay una estación en el reino que hace que la luz sea más tuene de lo que uno cree debería de ser? Contempla desde la ventana, sin animarse a entrar, cuando el sonido de una puerta abriéndose la sobresalta un poco, más la calma al ver que se trata de una mujer. Ella es rubia, delgada y con un temple lleno de paz. Lleva en sus manos unas telas, de color claro.

- Oh, buenos días señorita. Es bueno verla despierta. Antes de presentarme le traje ropa. Alístese y baje, no querrá andar tan expuesta tan temprano- Dijo, sin siquiera mover ni un poco sus labios, pero Candelaria pudiendo oírla con total claridad, mientras se acercaba y dejaba a los pies de la cama una muda de ropa. Se paro unos segundos contemplándola, para preguntar nuevamente con suma amabilidad -¿Se encuentra bien de sus heridas? Puedo traer algo si las siente incomodas aun o ayudarla a cambiarse si aun no puede moverse con libertad.- Diría, sin decirlo. Candelaria quedaría dudosa unos segundos, antes de poder decir algo. –G…Gracias…. Creo que quizás… Necesite ayuda.- Respondió la herida, que entro mas en confianza a pesar de que le parecía extraño el que pudiera oír sus palabras sin problema alguno. Y fue una suerte, el que estuviera esa muchacha ahí, pues sin su ayuda, jamás podría haberse calzado nada de la ropa que le trajo, que dejaba al aire su espalda para sus heridas, sin ser de alguna manera indiscreta.

Era un gran cambio, desde su primer día. Jamás habría usado un vestido que  tuviera una falda a la altura de sus rodillas.
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Mensaje por Al-Hazred Mar Jun 03, 2014 12:34 am

¿Que providencia es la que otorga una responsabilidad inesperada a quien no sea capaz de cumplirla? Nada que el destino me haya impuesto, ha sido dejado como una tarea inconclusa. Yo, Al-Hazred, soy alguien que dispuesto está a emprender nuevas rutas en todo momento, experto soy en aplicar mi teoría de que un beneficio requiere sacrificio, al punto de haberme desprovisto de visión ocular para garantizarme la vista espiritual. Se mejor que nadie cuando una prueba se coloca frente a mí, y no he de tomarlo como una coincidencia traída como ironía, pues mejor que nadie sé que el universo confabula a favor de aquel que está dispuesto a remover los velos de las apariencias y las impresiones, por muy convenientes que resultan en las ocasiones que se presentan, más no llamaré a la inquilina de mi mansión como alguien a quien haya rescatado por interés, sino por una razón que en un futuro habré de descubrir. Kil'Daggoth no es un reino cerrado en cuanto a términos de población, mantiene buenos tratos con los extranjeros que desean un hogar donde resguardarse, o una fe a la cual adaptarse que siga los lineamientos del Caos y que proporcione por igual seguridad y lujos. Esta joven, María Candelaria, deberá aprender dos lecciones si su intención es reconstruir su vida, y bajo mi tutoría quisiera tomarla en su camino a la recuperación tanto de su cuerpo como de su alma.

Por toda esa siniestra noche, donde sentí a la luna sonreír con una malicia sin comparación, estuve abstraído en la escritura arcana sin encontrar verdadera concentración, inusual en mi desde toda perspectiva, e inexplicable el hecho de que durante mis dictados rúnicos me encontrase divagando en temas que no han abandonado mi mente, por lo que mejor fue tomar una pausa y meditar en el silencio que todo resguarda, como la locura. Sentado en lo recóndito de mi biblioteca, pensaba en el cambio que ha surgido por permitir voluntariamente a una persona el permanecer en una de mis habitaciones, desprovista de toda protección, y salvada de las injustas manos de la Muerte. Mientras que ella disfruta del placer del sueño sanador, yo era asediado por toda clase de pensamientos que terminaban en debates conmigo mismo, intentando hallar un motivo por el cual mis acciones hayan concluido en resguardar a una desconocida entre estas paredes que rechazan al orden, y que estas fuesen un lugar donde una de sus seguidoras encontrase alivio momentáneo del sangrado que el caos le ha originado, tras una mutilación llevada a cabo por el indiscutible rey del Nexo. Estoy convencido, que su vida no se ha extinguido por una razón mucho mayor, y que me supera por ahora al no conocer su misterio.

He teorizado durante horas sin alcanzar una respuesta posible, y en mis ocurrencias solo puedo determinar que la doncella está viva al poseer una enorme fuerza vital, una hija predilecta del Caos al haberse expuesto al mismo, y no rendirse ante la devastación dejada por los sirvientes de la dimensión oscura. Ella, que durante su despertar afirmó que merece estar muerta, es sobresaliente por poseer una convicción de la que no es consciente y la misma le ha brindado la tenacidad necesaria para andar cuando ya no puede volar. En el fondo, su alma ha empezado a arder con timidez, regalando a su existencia un poco del calor de la verdadera vida, y aunque su mente se desconectó del horror que la rodeaba, su espíritu le impedía resignarse. El caos que emana del aura de los nativos del Nexo debió impregnarla, y su voluntad hizo que su luz no se acabase... Un pequeño destello lejano que fue captado en la subjetividad de mi falsa visión, y que atraído por ella me hizo acercarme al mirar su determinación entre la nada que restaba a nuestros pies, y la nada que se pierde frente a mis vacíos ojos. No puedo decir que la he salvado sin argumentar que ella ha buscado salvarse, lo haya deseado o no.

La mañana llega sin aviso alguno, habitual que tampoco me despierte un relativo interés por el cambio climático, no hasta que otro cataclismo llegase a ocurrir y nos veamos obligado a dar importancia a la salida del sol. El único provecho que tiene el día bajo esta condición, es que anuncia la posible incorporación de la joven invitada a una nueva cara del mundo. Ahí espero, en una zona de mi propia casa que no he ocupado por demasiadas escalas de tiempo, la cual viene a ser una sala con un sofá acomodado contra la pared y dos muebles al frente, separados los tres asientos por una mesa que no tengo idea de cómo habrá de ser, igual que muchas de las cosas que hay en esta mansión. No hay adornos innecesarios, en su lugar solo se encuentran estantes de libros y libreros que contienen volúmenes de otros autores ajenos a mi persona, más si contienen escritos en los cuales me he basado en algún momento de mi existencia, intentando combatir mi perenne ignorancia y saciar mi necesidad de estudiar las infinitas ramas que la magia nos puede aportar, con o sin modestia. Sobre la mesa se pueden encontrar unas bandejas con aperitivos variados, no se cuales precisamente ni tampoco tengo intención de comer o de beber el contenido de las jarras dispuestas a servicio de quien busque consumir su contenido, siendo los mismos que la noche pasada ofrecí a la guerrera.

No pude percatarme de que una presencia se había acercado mí, no hasta que un par de palmadas en mi hombro izquierdo me hicieron notar a Mita Ashley y su característico saludo. No hay necesidad de saludarle de ninguna manera, ya que tanto ella como yo carecemos de sueño, y es innecesario establecer más formalidades con alguien tan irracional como ella.

- Viene en camino, Al-Hazred. La he dejado apoyada en las escaleras, ahí es donde vas a recibirla y a ayudarla. Te lo agradecerá ahora que le falta un peso adicional en la espalda... - Hm, indiscreta como ella sola puede ser, pero ha dado información relevante y que en efecto ya esperaba de alguna forma. Asiento pues, con mi cabeza, mientras me levanto del sofá y me dirijo hasta donde la mucama ha indicado. Ah, diferencia... Distinción magnifica que tienen las actrices de primera categoría cuando entran en escena, y hasta a los ciegos les hace dibujar una sonrisa de complacencia por el honor de recibirlas con toda la humildad que tienen. Frente a ella me encuentro, puedo sentir su dorado espíritu sin importar que soy incapaz de decir cómo es su aspecto, y con una reverencia muy comedida pero certera, le anuncio mi felicidad con un tono de voz sereno al recuperar mi postura.

- Buenos días tenga usted, doncella. Espero haber hecho a su noche lo más confortable posible... - Una sonrisa nada exagerada, sino lo justo para ser considerada sonrisa, mientras que ofrezco mi mano extendida para servirle de soporte en su marcha recién empezada. - Por favor, acepte mi mano y mi invitación a un informal desayuno. Responderé todo lo que esté dentro de mi saber, en espera de que aclare sus dudas. - Llevándola de ese modo hasta el escenario que yo mismo he preparado, me aseguro que la falta de iluminación no suponga un obstáculo en su visión, al asegurarme de que la flama de las lamparas en paredes y techos brillen con un fulgor naranja y amarillo. La guío a su asiento, ayudandole a ocupar uno de los muebles individuales, dejando frente a ella los varios alimentos que van desde lo dulce hasta lo salado, imaginando que será más que suficiente para una dama. - Sirva a su gusto, doncella. He indicado a Mita Ashley, la empleada que espero siga presente, a que sirviera todo tipo de aperitivo en la búsqueda de agradar a su paladar y calmar el hambre de la ayuna. - Dicho esto, procedo a ocupar un asiento en el sofá al otro lado de la mesa de conveniencias, y poder contemplar en silencio esa aura que irradia con tanta nobleza. Ah, belleza... Así que este es el aspecto que tienes...

- Sigo aquí Al-Hazred, no me he ido. Para que lo sepas, hice una reverencia cuando me nombraste. - Ah, perfecto. Oportuna llega a ser cuando lo desea, y por tanto asintiendo con la cabeza es como apruebo su comportamiento.

- No quisiera ser inoportuno, pero siento que es mi deber preguntarle acerca de sus heridas. ¿Se encuentra bien? Le puedo asegurar que entre las bebidas se encuentra la medicina que ha bebido la noche pasada, por si necesita un analgésico. De lo contrario, siéntase libre de tomar lo que quiera... Y de preguntar lo que desee. - Reclinando mi espalda un poco hacía atrás, puedo corroborar que mi aspecto tiene el porte adecuado que en este caso debo adoptar. Más que el de un hombre o un embajador...

Ahora mismo soy un Hechicero.
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Mensaje por Credens Justitiam Vie Jun 20, 2014 3:14 am

No puede expresar muy bien cuanto le ha costado comenzar a caminar. Casi diría que debe aprender a hacerlo de nuevo, pues cada paso que da siente que ha de caerse para atrás, justo de espalda como para hacer más ameno su dolor. No obstante, ese no es el destino que al menos las primeras horas de la mañana tienen guardado para ella. Mucha suerte tiene, y se siente agradecida con la muchacha que la ayudo a vestirse, como así también a ponerse de pie en un primer instante. Candelaria tambalea en ese momento, pero los brazos de la muchacha rubia de lacios cabellos son firmes y la sujetan de su cintura ayudándola a estabilizarse. No puede hacer mucho más que sonreírle con un poco de vergüenza, mientras le agradece la ayuda que le está brindando. Quizás sea un muy buen momento para preguntar su nombre, o eso piensa seria lo acertado. Mas no hay tiempo para que siquiera logre abrir sus labios, cuando un susurro en sus pensamientos con una voz ajena a la suya se lo facilita con demasiada dulzura. –Mi nombre es Mita Ashley, es un gusto señorita Maria Candelaria.-

Candelaria la mira un poco desconcertada, terminando de entender, lenta pero perspicaz la habilidad que esta extraña joven posee. Quizás no posea el don del habla, pero no hay palabra que pueda escapar de sus oídos. No hace falta hablar porque ciertamente ella escucha los pensamientos ajenos, y puede colarse a los mismos para expresar aquello que con sonidos de su garganta no puede contar.  Su cuerpo es recorrido por un escalofrió un poco pavoroso, debido al miedo que semejante poder puede significar para alguien que considera que eso es tanto una bendición como una maldición. La rubia de risos perfectos no evito sentirse un poco inhibida ante tal situación, siendo que no se encontraba segura en sus pensamientos. El lugar mas privado de ella, podría ser fácilmente vulnerado por esa muchacha que la sostenía en ese instante, mas Mita deseo calmarla por su bien. –No se preocupe por mí, por favor. Disculpe si fui entrometida, pero deseaba cerciorarme de que no está sintiendo demasiada incomodidad con mi ayuda. De ahora en más, solo ingresare en sus pensamientos si necesita que le conteste algo.- Dijo, por última vez, mas luego ya fue solo el silencio característico de alguien que no puede hablar. La ex ángel sonrió nuevamente, esta vez con un dejo de preocupación en sus facciones, y opto también así, por el silencio. No sabía a dónde la quería llevar, pero no le sería malo el intentar moverse un poco. Después de todo, sus intenciones no eran precisamente las de quedar como una moribunda en una cama en un lugar que ni conocía.

Costo demasiado, pero poco a poco, con ayuda de Mita mas el hecho de que se apoyaba en las paredes de los pasillos, finalmente llegaron a unas escaleras. Candelaria suspiro, pensando que necesitaba un respiro antes de comenzar a descender. Cuando sintió que su cuerpo ya estaba preparado, y se intento aventurar a el horror que supuso tener que bajar cada escalón. Recién entonces notaba, que no solo le dolía la espalda, sino también por alguna razón las piernas. No recordaba en lo absoluto, como fue que tuvo que caminar por toda la capital, cargando una vasija con agua para vaya saber quien creyó la necesitaría. Más no repararía mucho de esos eventos, pues más concentrada estaba en asegurarse de no caerse mientras bajaba. Cuando toco el ultimo escalón, que daba nuevamente al piso, sintió un alivio, no pudiendo mas que recargarse con suavidad en la pared que poseía la escalera. Respiro profundo, como quien hubiera hecho una maratón y cerro sus ojos un tanto exhausta. Mita por su parte, se separo de ella, y camino por los pasillos como quien buscara algo o alguien. Un momento de paz, luego de recobrar su consciencia. No había tenido mucho tiempo de meditar nada, como así también de poder observar bien el lugar por donde se estaba movilizando en ese instante. Era lúgubre, pero candelabros y lámparas se encontraban prendidos cada cierto espacio entre las paredes, otorgando su luz un poco ambarina a los tapizados de color vino que cubrían a las paredes. Un lugar exótico para las decoraciones claras y puras que normalmente son usuales en cualquier hogar o edificio de su querida y ahora lejana Paradisso.

Mas su melancolía se disipo, cuando lo vio venir. Caminaba soberbio y con elegancia, haciendo que su capa ondeara perfectamente tras de él, pero de una manera modesta y sin ser escandalosa. Llamaba muchísimo la atención, pero mas que nada por la elegancia con la que se desenvolvía, aun teniendo sus ojos cerrados. Candelaria sospecho, mas no preguntaría, que era muy probable que la realidad de su salvador es que fuera ciego pero viera con algo que ella desconocía completamente. Muy gallardo levanto su mano, ofreciéndola para que la tome y se dirijan a una nueva locación. Candelaria sonríe, teniendo su mano mas no pudiendo evitar ver las garras tan llamativas que poseía el hechicero llamado Al-Hazred. Intento no darle importancia a ese detalle tan curioso y a la vez un poco inquietante. –Muchísimas gracias nuevamente por su ayuda, Señor Hazred… - Dijo, cohibida aun, mientras que con lentos pasos, apoyada de la pared y sostenida de una mano, avanzo hacia una sala donde bien podría darse reuniones sociales de las mas altas clases. Todo un detalle fue que su acompañante de este tramo la ayudo inclusive a sentarse en su asiento, solo retirándose luego de que se hubiera cerciorado de la comodidad de su invitada. Candelaria se relajo un poco, al finalmente encontrar reposo. Era momento de escuchar las palabras de su anfitrión y a su vez también, su salvador, mientras buscaba una posición mas cómoda para su espalda.

-Muchas gracias de nuevo… La verdad, descanse muy bien… -
Contesto a su primera pregunta referida a su estado de salud. Mientras divisaba un poco de té que comenzó a desearlo, pensaba a su vez que clase de cosas podría preguntar. Por lo pronto, solo dijo lo que seria la mas importante en ese momento. –Si…. Yo, quisiera preguntarle algo…- Adelanto, tomando unos segundos para lanzar su pregunta. -¿Es…. Lejano el nexo de esta locación…? Yo…. Necesito volver a Paradisso.- Dijo, siendo directa y sin muchas vueltas.
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Mensaje por Al-Hazred Lun Jun 23, 2014 12:21 am

Voz... Voz tan magnifica que se confunde con el más sereno compás musical, con una tonada tan sublime y lejana, que hace que la mente de este loco artista y director se pierda en los laberintos de la más cruda demencia, misma que me arrulla por una eternidad en mi propio caos y me da una paz que resulta innominada para los términos de hoy día. Es imposible que pueda describir la inusual emoción que ocasiona la singular aura dorada que conforma el alma de la señorita inquilina, que es una expresión única de un fulgor que desea encenderse y algo le restringe desde su propio espíritu, una consciencia demasiado fuerte y de convicción firme, o mejor he de nombrar como influenciada, por enseñanzas que se basan en la estricta obediencia sin oportunidad alguna de libertad y decisión. Oh, afortunado soy de contar con la subjetividad de la ceguera y poder apreciar la exquisitez de un alma que se niega a extinguirse entre los embates del destino, persevera estoica dentro de Maria Candelaria y refleja como su actitud es un motor para resistir cualquier prueba que pueda caer sobre sus hombros; pero esto no es predicamento alguno para buscar afianzar su fe... Está más que claro, que su cuerpo ha soportado la destrucción gracias al destino. La inocencia vive en ella... Y el peso conceptual de su existencia, más haberla encontrado en una camino que no tengo habito de transitar, demuestran que mi teoría puede ser acertada...

Ella puede estar aquí para quedarse... Para reencontrarse.

- Nada de que agradecerme, doncella. Seguro estoy, que en una situación de dificultad, me habrías asistido con igual altruismo. - Tranquilizo a la doncella antes de dar posibilidad a su tono de voz a elevarse, cosa que amenaza con desesperarse en la gratitud y que podría modificar la estabilidad de su salud que de momento parece haber alcanzado un nivel aceptable, más no suficiente. Aún se escucha convaleciente, atacada por la nostalgia y la inseguridad de estar en una tierra demasiado maravillosa y viva si la comparásemos con la rigidez de Paradisso y su dogma castrador. Oh, tragedia, que un alma tan inusual como la de esta joven se haya encontrado limitada por la falta de visión de aquellas tradiciones que ahora yacen sepultadas, y lastimoso es pensar que aun en ruinas son suficientes y están más que dispuestos seguramente en retornar a sus tendencias pasadas, aun siendo testigos del abrumador poder que el caos posee cuando desea destruir. Ah, ilusiones, destrozadas por la presencia de la VERDAD, que ha chocado sin piedad contra la barrera invisible de mentiras que han fabricado los agentes del Orden en su incansable búsqueda por la dominación sin libertad, por la opresión basándose en reglas y no en el poder absoluto.

Más mis divagaciones personales fueron interrumpidas cuando en sucesión, la doncella pregunta algo que demandó toda mi voluntad en impedir que mi expresión se modificara en un gesto de duda o extrañeza. ¿El Nexo? ¿Busca adentrarse en la dimensión oscura para regresar a la polvareda que antes se llamaba a si misma con arrogancia "Reino"? ¡Oh escándalo! ¡Cosas terribles le han hecho a tu libre albedrío y razonamiento! Por no argumentar que muy seguro te han privado de esas cosas, y por eso estás deseosa en volver a un lugar que ya no existe. Con absoluta tranquilidad sonrío levemente, busco tiempo en idear un modo de rescatar tu espíritu de la extinción que puede sufrir si retornas al lugar de donde te he rescatado... Caprichoso seré, egoísta y ruin, villano ante todo y todos, pero tu partida no será permitida. No de este modo, no con esas intenciones de sumergirte de nuevo en la humillación del encierro propio, de someterte a reglas de las que te han convencido son las correctas, sin darte la oportunidad de elegir si eso es lo que deseas. Por eso, con todo lo que a mi disposición puedo tener, debo detenerte lo suficiente, lo necesario... Para mostrarte un mundo que puedas ver por ti misma, y lo relates a mi persona una vez lo hayas contemplado.

- Al-Hazred, ¿Te escuchas a ti mismo balbuceando cosas en tu cabeza? Responsabilizarte de ella no implica que quieras capturarla de forma inadvertida.

Mita Ashley se ha percatado de mi plan, y mi silencio no puede prolongarse más de lo que puede permitirse. Por tanto, entre respuestas y maquinaciones, solo puedo dar excusa de que medito mis palabras antes de expresarlas en búsqueda del tacto adecuado. - Es posible acceder al Nexo desde el templo en la capital. Se encuentra apartado, es un viaje largo que no le recomendaría tomar en su estado actual. - El argumento más simple y con tan poco arraigo que puedo idear como rápida respuesta, antes de proseguir con mi dialogo que puede tornarse oscuro, pero necesario, con la finalidad de crear la intención en la joven de quedarse en esta mansión donde indiscutiblemente está a salvo. - No sería posible garantizar una adecuada seguridad en los exteriores de esta propiedad que se encuentra protegida con múltiples conjuros y barreras cósmicas, debido a que pasando esa puerta se puede todavía sentir la presencia de los agitados habitantes del Nexo. Una vez que salen de incursión, no se puede pensar en que objetivos tendrán, y que cosas habrán de discernir. - Para cuando menciono esas palabras, hablo en una relativa verdad que reflejo en la dureza reflexiva de mi expresión facial, juzgando por el hecho de que Paradisso fue aniquilado por un ejército de demonios, no se puede pensar con total certeza que algún otro lugar quede exento de riesgo. Kil'Daggoth, reino donde la magia es cotidianidad y sustancia prima, se resiente y resuena con los pasos que los monstruos toman en la realidad.

- Al-Hazred, suena más como si estuvieses poniendo excusas amenazadoras a proposito. Si vas a ser un villano y decepcionarme, será mejor que influencies su decisión directamente con algo. Al fin y al cabo lo han venido haciendo otros durante toda su vida.

Opciones muy limitadas tengo, pocas brechas para conducir los caminos hasta lo deseado. No tengo ni que cuestionarme sobre los procedimientos a los que estaría dispuesto, más considero que haría todo lo posible para crear en ella la necesidad de quedarse de ser la única alternativa. Oh, recursos... ¿Bajo qué modo debería operar en este instante? ¿Qué artimaña debo emplear más allá de mis versos para cambiar las intenciones de la doncella? Solo una es viable en este momento, y se resume en emplear conocimiento del que no me siento atraído en lo absoluto, sin eximirme del hecho de haber practicado sus bases de una forma u otra. Un hechizo más de utilidad, de un arte que jamás me he molestado en desarrollar, que se puede resumir como Control Mental Parcializado, área de los alquimistas y psíquicos donde los hechiceros más dedicados a las artes netamente arcanas no tenemos autoridad. Posible es para mí ejecutar una forma de influencia sobre ella, si coloco en las bebidas una porción a nivel atómica de uno de los sirvientes de los Dioses Primigenios, haciendo que mis palabras sean mucho más aceptadas de forma inadvertida. Con introducir mi mano en mi capa y tocar con la punta de mis dedos la cubierta de piel del grimorio que conmigo siempre llevo, puedo ejecutar esa minúscula invocación en las jarras dispuestas para el desayuno, que tentativamente ella está expuesta a beber. El proceso no dura ni un instante, y aunque muestre negatividad a mis palabras, una vez que consuma un sorbo de ese líquido, tomará en cuenta más mi punto.

- Créame que mi intención no es representar un problema a su persona, pero en su estado actual es muy arriesgado aventurarse fuera de la seguridad que puedo proveerle. No sienta tampoco que es una carga o una responsabilidad que no deseo, lo importante es su recuperación. La invito a que medite su forma de proceder, y aplaque la debilidad con estos alimentos para calmar la presencia del hambre. Puede tomar más del brebaje medicinal, o si lo desea puede tomar otra sustancia, están a su disposición. - Una trampa completamente invisible, una oportunidad que la presento con otra sonrisa natural y habitual en mi.

Un recurso teatral para mantener segura a la actriz.
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Mensaje por Credens Justitiam Sáb Jun 28, 2014 1:13 am

No puede evitar sentir que su pregunta ha llegado demasiado pronto a los aposentos que le han brindando seguridad tras el peligro. Y ciertamente, aunque no es una persona que sea realmente empática con todos, sobretodo con aquellos que no conoce, hay algo muy claro en ese mismísimo instante; se ha desarrollado un incomodo silencio. La impasible sonrisa de Al-Hazred se ha borrado en un santiamén, y su rostro serio la escarmienta de haber hablado.

No puede evitar sentir un escalofrió recorriendo desde las puntas de sus pies, hasta su nuca, lamentablemente pasando por su espalda haciéndola sufrir tan solo un poco. Su mirada cae al piso, un poco avergonzada sintiendo que ha hecho algo malo, aunque considerando que es de suma urgencia no debería sentirse tan apenada. Sus ojos dorados voltean un segundo hacia un lado, justo donde se encuentra la empleada, Mita Ashley y la nota diferente de algún modo. Innegable es el hecho, de que sus ojos apuntan con fuerza hacia Al-Hazred, aunque él obviamente no la ve, pues sus parpados están cerrados tal cual desde el primer momento en que lo vio. Podría ya suponer que el señor es ciego, pero esta mal simplemente suponer. Capaz la gente que vive en Kil´Daggoth ve de una manera diferente, mucho mas mística que la que puede suponer simplemente guiarse por los ojos. ¿Después de todo no era Mita alguien que hablaba perfectamente por telepatía, siendo muda?

Mas finalmente el ambiente intenta quitarse lo tenso. Al-Hazred comienza a hablar más sus palabras lejos están de ser algo reconfortante para la rubia que busca volver a su patria. Ciertamente no está completamente errado en sus palabras, porque es verdad que aun le cuesta bastante el solo caminar sola. Sus heridas parecen ser graves –y no es de menos ya que la imagen de un pájaro sin alas solo puede evocar una imagen de muerte-, pero no puede detenerse simplemente en eso. Mientras ella ha sido cuidada y atendida en este lugar al que puede considerarse seguro, muchos seguramente se encuentran agonizando entre los escombros y ruinas de lo que fue su amada ciudad. Se siente culpable de haber tenido tanta suerte, aunque haya venido de la mano de quien en teoría debería ser su enemigo. Es más, si las religiosas que la educaron vieran que estaba durmiendo en la casa de un agente del caos, lo más probable es que ellas le afeitarían la cabeza como castigo a su deshonra de la imagen de la Santa Canonesa.  Pero aparentemente estaba desconociendo más cosas de las que ella creía. Totalmente ajena era que las criaturas del nexo bien podrían estar atacando no solo a Paradisso, sino a todo lo que se encontrara cerca de la misma esquina en donde se encuentra.

-Si eso es verdad….- Piensa por unos momentos una abatida Candelaria, que cabizbaja contempla el tapizado rojo que cubre el suelo de la sala. Tomo con delicadeza la tela de su falda entre sus dedos, mientras la golpeaban con dureza las palabras de parte del dueño de la casa. Más no debía tensarse, pues sus músculos aun se encontraban demasiado resentidos como para poder estresarse. Quizás, sea mejor tomar un poco de té, de esa gran variedad que le están ofreciendo para poder nutrirse esa mañana. Espera entonces, que el mismo no sea muy diferente o el sabor no sea tan extraño como la medicina que recuerda haber tomado. Se estira un poco, tratando de sostener la taza y el plato, para finalmente beber un poco de té. Han sido al menos tres sorbos, para poder meditar todo lo que se le ha planteado. De repente, siente que lo que dice Al tiene más sentido de lo que podría creer. No ha podido realmente hacer frente sola a las aberraciones que se encontró en su camino, aun en su más apta condición. Ahora no solo no podría volar, sino que consideraba difícil el solo correr…. Pero… ¿Era razón para darse totalmente por vencida…? Su fe era grande y la ilusión disfrazada de esperanza le susurraba muy suave que seguramente todo allí había terminado. Que los templos de meditación para varios monjes ya habrían logrado arribar a su capital  para hacer frente a lo que estuviera ahí y ayudar a quienes pudieran necesitar una manos, o ambas. Si… Seguramente eso estaba pasando ahora…

Su mirada se volvió culpable, pero siguió bebiendo. La verdad no podía ayudar en lo absoluto en su estado, y no sería de mas ayuda si llegaba a irse ahora. Definitivamente era apropiado quedarse para recuperarse completamente. No podía hacer lo que quería esta vez, sino lo que le convenía a ella, como a los demás. –Tiene razón….- Admitió, con un poco de pesar, sonriendo de manera casi forzada y algo triste.
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Mensaje por Al-Hazred Dom Jul 06, 2014 9:40 pm

Cualquiera ha de decir que las vías por las que Al-Hazred opera, son las del engaño y la manipulación con recursos que otros han de desconocer, más en mi defensa puedo aclarar que en esta ocasión mis intenciones están guiadas por un bien superior a mi propio egoísmo. D querer enteramente retener a la joven sobreviviente, el uso de verdaderos objetos de restricción y pócimas de control mental estarían dispuestas en lugar de té y otras bebidas exquisitas o sanadoras. Un poco de persuasión por medio de la magia no es un elemento perjudicial, sin importar que la porción de líquido que ha consumido cargase con una parte mínima de una criatura del caos, no es aun lo bastante grande como para considerarse fundamental a la hora de establecer una absoluta hipnosis, o un proceso de corrupción que la degradase a una esclava de mi voluntad... No, nada de eso ha caído en ella, sino solo responde con mayor consciencia, puede percibir de mejor manera mis advertencias y tomar en consideración su estado de salud al ser más susceptible a la obediencia, al seguimiento de mi punto, sin que su voluntad sea doblegada a un estado donde ni ella misma se reconozca y a mis pies se postrase en las más bajas necesidades a mi presencia o a todo lo relativo a mi existencia. Mantendré a esta joven a salvo sin importar que el precio a pagar sea alto, sin pensar en cómo habré de hacerlo.

- No voy a criticarte Al-Hazred, pero lo que haces está lejos del término de la protección. Lo dejaremos así, porque es primera vez que puedo sentirte feliz.

En otro intervalo hubiese respondido a la mucama con una voz de autoridad que desacredite sus quejas tan bien disimuladas, si tan solo no estuviese centrado en asuntos que demandan mi atención con mayor premura. Sin evidencia en mi rostro que delate mi pensar, imagino el escenario que resultaría de dejar partir a María en las condiciones que se encuentra, la puedo ver en mi cabeza a merced de uno de los hechiceros demenciales que no tienen límites en cuanto a sus maquinaciones macabras y que son portadores de destinos peores a la muerte. Personas que jamás deben colocar ni el menor interés en una esencia vulnerable que por azares se encuentra más indefensa que un infante en plenitud, y no exagero cuando digo que esta actriz no tendría oportunidad ni siquiera contra un niño que cantase versos relativos a la peligrosidad... Oh, engañosos somos todos en esta tierra de magia, falsos y honestos entre otras contradicciones que nos definen y que empleamos para proteger lo que queremos, y alcanzar lo que deseamos. Me valgo de una mentira y un conjuro para hacerla susceptible a mis palabras, más no por eso puedo ser capaz de borrar su inseguridad nacida de los prejuicios que le han inculcado, y de su propia necesidad de preservar lo que se ha construido para ella al Otro Lado del Mar.

- Puedo tener razón en este asunto, señorita, pero es evidente que no es algo que la conforte. - Con la sutileza que requiere un corazón adolorido, me dirijo hasta un lado de la dama solemne, atrevido como ninguno soy al momento en que coloco mis garras sobre uno de sus hombros y una de sus manos, con la posibilidad de asustarla por la baja temperatura que las mismas pueden tener, y de rodillas cerca de ella temiendo pecar de invasivo, prosigo al igual que los locos e insensibles harían. - Puedo recomendarle descansar un poco más. Permita que el reposo de efectividad a la medicina y su sanación sea más pronta. Por la noche, si el sueño la abandona, le haré compañía y responderé a cualquiera de sus dudas... A no ser, que tenga una interrogante ahora mismo. - Antes de continuar añadiendo mayores palabras al discurso que con una confianza casi irrespetuosa mantengo, llego a la realización de que estoy tomando demasiada cercanía, y con un gesto de sorpresa por completo verdadero, retiro mis manos tanto con delicadeza como con vergüenza. - Ah, disculpe usted mi rudeza. La falta de visión me limita en estos aspectos... Espero no haberla incomodado.

Una sonrisa que puede significar muchas cosas nombradas de distintos modos, es lo que puedo regalar desde la oscuridad en la que sé que está sumida, antes de colocarme sobre ambos pies y posar una de mis manos sobre el espaldar del sillón. En el escenario de mi consciencia, ella danza una tonada casi funesta mientras entona ritos adecuados para los sepelios que en su tierra de alabanzas a la "vida después de la muerte" les gusta demostrar. No puedo pretender que con solo palabras pueda aliviar su pesar, pero el tiempo es sin duda una de las medicinas más efectivas, cura de cualquier mal al corazón, mientras no sea el amor o la venganza lo que haya dejado huella sobre su superficie. Oh, crueldad, castigo del destino que indicas que es su momento del cambio, que ella aún puede ser salvada de los mandatos que la han encadenado desde su nacimiento, y que prueba es que sus alas han sido arrancadas como una metáfora de abandono a su pasado, al desprendimiento de lo que la mantenía atada, encadenada a los designios de otros y que le enseñaron que por norma debía ser obediente a todo menos las ambiciones. En su estado no sobreviviría ni contra un animal salvaje, y tanto ha sido el miedo que le han inculcado, que desea regresar arrastrándose al lugar de donde fue rescatada, del polvo y las cenizas que han quedado del perecer de otros que no tienen la magnificencia de la dama de aura dorada... Y ella, desea sacrificar hasta la última de sus fuerzas para ayudarlos...

- ¿Desea algo de espacio? Puedo retirarme a otra estancia si así lo desea... O puedo mantenerme a su lado en caso que necesite algo... - La amabilidad es una virtud que se puede desarrollar, y que pocas veces admito demostrar con otros individuos, más esta vez algo innato en la actitud ajena me impide actuar con un comportamiento diferente. Algo hay en su alma, que inspira y enternece tal como la candidez de su voz y su forma de pensar. Oh, emoción, que surges desde la semilla del caos habitada en el núcleo del alma, experiencia que da paso a otras experiencias más... Un regalo perdido que solo otras cosas pueden otorgar. Me encuentro feliz, dispar a como ella seguramente se encuentra...

No puedo darle más que mi presencia...
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Mensaje por Credens Justitiam Vie Jul 25, 2014 2:08 am

Su rostro se transformo de una manera increíble. Ciertamente la angustia se había esfumado de sus facciones, mas no de su corazón, para ser rápidamente reemplazada por unja sorpresa casi aterradora en algún punto.  Nunca en su vida un hombre se había acercado tanto a ella, y más aun, tener el atrevimiento de tocarla sin ser eso alguna clase de inspección médica o con su propio permiso. Fue un momento avasallante, que ciertamente la asusto, haciendo que su rostro se viera contrariado, con un sonrojo demasiado notorio aun en sus pálidas mejillas. Su corazón latió rápido, mientras intentaba enfocarse más que nada en las palabras que el expresaba con lo que en apariencia era verdadera bondad.  Pero simplemente no podía aceptar ese trato tan de buenas a primera, pues le era extraño. Un escalofrió recorrió su cuerpo, pasando dolorosamente inclusive por esas heridas que en su espalda aun yacían bastante frescas. Ese dolor no era nada más que ese llamado de atención a quien era, porque estaba ahí, y de donde venia. Obviamente el recuerdo de cómo fue que su espalda sangraba solo era la cumbre de todas las culpas y cúspide de hechos que su consciencia se esforzaba demasiado en repetir una y otra vez.

-Ah…. No… No se disculpe….- Menciona, claramente nerviosa mientras siente como las manos frías y pesadas de quien fue su salvador se retiran de su cuerpo que aunque herido, tibio permanece. ¿Era alguna extraña y grotesca forma de reconocer como es la vida de los que viven en este reino? No solo le ha dejado anonada el hecho de que se hubiera acercado tanto –aunque suponía por viejas historias, que ese era un trato caballeresco de parte del occidente-, mas no tener la posibilidad de tocar directamente la piel de una dama. Puede entenderlo, el mismo se ha excusado con su ahora muy clara falta de visión. ¿Podría ser tan ruda con un hombre que no solamente la ha salvado, sino que ha sido tan piadoso estando él en una situación donde merece ser cuidado también?  Ella vuelve a pintar una suave sonrisa en sus labios, aunque esta es un poco pesada y cansada, mas no forzada. No ha estado demasiado tiempo despierta, pero sin duda ha sido suficiente para agitarse mas de lo podría haber tolerado en un solo día. –Ah… No… No quisiera sonar desinteresada, pero ¿Podría la señorita Ashley ayudarme a levantarme para descansar nuevamente? Como usted lo ha dicho…. Señor Hazred, aun no me encuentro en condiciones óptimas…- Diría, excusándose cordialmente de su presencia, al menos por ese momento. Ciertamente no desea saber mas cosas, ni tampoco quisiera ahondar mas sobre el lugar donde yace actualmente. Por alguna razón su cabeza duele un poco, como quien ha sufrido un principio de migraña a partir del momento en que decidió que debería quedarse.

Es de este modo, que silenciosa espera la asistencia de la joven mucama, rubia de cabello corto. Con delicadeza, al igual con la que la ayudo a vestirse y a caminar nuevamente, la logra hacer levantarse de ese sillón. Con un suave abrazo alrededor de su cintura, termina siendo su pilar para evitar que se cayera al intentar marchar nuevamente hacia la habitación donde descansaba. Ha sido un poco incomodo que justamente permaneciera en una habitación en un segundo piso, pero no puede quejarse en lo absoluto teniendo en cuenta las atenciones que está recibiendo en ese lugar.  Beber nuevamente una dosis de medicina, y descansar es lo que necesita de momento. La cama se vuelve un nido donde esté pájaro sin alas encuentra consuelo a su cansancio.


……

Ha pasado una semana desde que esta en esa casa. Sus heridas han cerrado gracias a esa maravillosa magia que pueden presumir en Kil´Daggoth, y Candelaria puede caminar con normalidad. De hecho, de no ser por su ansiedad por recuperarse, se la podría ver bastante radiante ese día.  Justamente porque ese día volvería a ver nuevamente el sol de su amada nación, aunque este solo alumbre miserias y desconcierto.
La noche anterior ha pactado con el hechicero Al-Hazred, que partiría hacia el Nexo para volver nuevamente a Paradisso; aunque no puede evitar sentir que el hombre que la acogido en su hogar ha aceptado no convencido del todo y casi a regañadientes su  decisión. Pero es lo justo y necesario en su vida. Ha cumplido su ciclo fuera, y debe volver a reintegrarse luego del desastre. No sabe si se siente en su plena forma, pero considera que es mas que suficiente para ayudar a quien lo necesitara. Seguramente las sacerdotisas, si es que han sobrevivido, estarían muy gustosas de volverá a ver, pues considera que ella si lo estaría de lograr encontrarlas aun atadas a la vida.

No obstante, quiere ser ordenada. Ha acomodado la habitación donde ha estado, limpiándola a fondo antes de partir. Esa habitación fue la última tarea en la que ayudo los últimos cuatro días, en donde era una necesidad el retribuir algo de las atenciones que le eran brindadas, tanto a Al-Hazred como a la comedida Mita Ashley. Surge una idea, la de poder abrir un poco los grandes ventanales de esa habitación, en donde siempre se puede contemplar a la luna y aquel débil sol que insistente desea llegar al suelo de este Reino.  Ese sol, es el mismo que la ilumina al otro lado del mar, mas es una tristeza que aquí no brille con la misma intensidad con la que logra hacer resplandecer los mármoles de las iglesias. Candelaria lo contempla por unos segundos, quieta, un tanto melancólica.  ¿No había ella aprendido a volar, contemplando al sol, como en ese instante estaba haciendo? Por supuesto, en ese momento donde las alas se habían manifestado como una señal divina del “grandioso” futuro que le esperaba. Pero ahora no tenía mas inmaculadas alas que la impulsaran hacia el astro cálido y resplandeciente, aunque la sensación de esas extremidades fantasmas continuaban con mucha fuerza en su cabeza. Podía pensar como era mover sus alas, y ella podría sentir de manera ficticia como estas la impulsan fuera del piso.

Es en ese momento donde sus recuerdos le juegan una mala jugada. No era de extrañarse que la situación traumática por la que le toco pasar, le dejo secuelas en su espíritu. Por alguna razón, ella ahora ve mucho mas brillante el sol. Este se encuentra con mucho fulgor, acariciando su rostro, invitándola a ser nuevamente la misma de antes. Ella se encuentra casi como perdida, mientras avanza nuevamente un paso hacia el ventanal. La luz se siente aun mas cálida, y la estela luminosa que justamente la ilumina opaca totalmente las plantas de rosas que hábilmente han crecido desde el patio de Al-Hazred hasta su ventana. María Candelaria simplemente se encuentra maravillada con ese sol que la abraza tan dulce…

¿Es una invitación, como aquella vez, a ser valiente? ¿Es una señal para que despliegue nuevamente sus alas? Ella alza su mano, como queriendo estrechar con sus dedos ese llamado tan amigable. Siente que si lo piensa, sus alas podrían resurgir nuevamente, haciendo pases con la luz… Ella desea abrazar esa sensación cálida, pero un paso mas simplemente lograra hacer que las espinas de las rosas la abracen cuando caiga de la ventana.

Pero ella no lo considera, porque está segura que puede volver a volar…. Se niega a pensar que ha quedado sin alas…
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Mensaje por Al-Hazred Sáb Ago 02, 2014 1:13 am

Que las lágrimas caídas del oscuro velo nocturno sean las únicas en ser derramadas, y que de los ojos de esta doncella no exista ninguna otra fuente de tristezas. Oh, dolor, necesario sentir para permitir apreciar la verdad de la vida y que al evitar al mismo somos guiados directamente a la paz, aquella que se alcanza sin entregarse a la muerte, esa paz que forma parte de una recompensa por mantenerse firme en el sendero absoluto del Caos y sus privilegios. No hay excepción para nadie en cualquiera de sus vertientes, con excepción de aquellos que estén dispuestos a abrazar la libertad o el amor y descubrirlos por su cuenta, como también empujar los límites y más allá de lo que pueda estar permitido según leyes naturales o impuestas. Por eso, estoy convencido que esta Dama puede ser salvada de esa vacía devoción a la que se aferra aunque su destrozado cuerpo apenas puede sostenerla, con piernas que se acostumbran a un peso diferente, todavía encadenadas por la restricción que supone obedecer a sus dogmas castradores, creados por la voluntad de deidades demasiado temerosas de sus protegidos en lugar de brindarles favores a cambio de verdaderas muestras de adoración.

- Proceda con absoluta confianza, doncella. Los aposentos de esta mansión están a su disposición. Repose tranquila... - Una reverencia es suficiente para indicarle mi hospitalidad, una búsqueda de hacerla sentir cómoda y si es posible, de crear un sentido de pertenencia. Dejarle pensar que cual sea su elección, será un lugar que sea de su completa propiedad. No puedo decir con exactitud si en realidad Mita Ashley la ha ayudado a retirarse, siendo la solución más esperada, lo cual me deja en la instancia con una sensación de malestar, incomodidad que encuentra basamento en el hecho de pensar que no podré retenerla por mucho tiempo más, a no ser que haga uso de este recurso en repetidas ocasiones. ¡Oh, dilema! Que me haces debatir entre el egoísmo sobre la libertad, más no puedo llamar libre albedrío a la atrocidad que cometería la joven en buscar volver a esas ruinas donde antes hubo miseria disfrazada de gloria, y que ahora se encuentra en un estado donde muestra su verdadera imagen, como realmente debe estar... Como es su auténtico aspecto.

La tranquilidad relativa que me otorga el silencio, hace que olvide lo mucho que empiezo a combatir con la incertidumbre de quedarme escaso de elementos para retener a la doncella. Camino por los tétricos pasillos de esta mansión, desprovista de sonido alguno, permitiendo que en mi cabeza suenen los ecos de la cándida voz que desde ayer habita en esta mazmorra de soledad y locura. Me encierro en la librería, repleta de tratados mágicos y de aberrada poesía que ha salido narrada por la nefasta lengua que habita en mi boca, y aun entre estos tomos de sabiduría, experiencia e inspiración, por primera vez me siento con una evidente diferencia con respecto a mi vida. Un solo día ha sido diferente a todo un milenio de existencia, una sola noche con tan solo escuchar una voz ajena a la mía dentro de estas paredes que me sepultan en mi propia demencia, un aura que finalmente trae una luz temerosa y que quema a aquellos que somos como yo, rastreros y locos que nos apegamos a nuestras escrituras siniestras y maquinamos sin parar sobre objetivos que dudosamente alcanzamos satisfactoriamente. ¡Oh, desesperación! ¡¿Cómo es que yo, Al-Hazred, he sido más ciego de lo que siempre imaginé?! Sobre una mesa apoyo ambas manos, temblorosas no de un temor identificable, sino de la sensación de haber sido ignorante todo este tiempo, carente del elemento primordial del Caos mismo. ¡AH! ¡ESTOY ENAMORADO!

¡¿EN QUE MOMENTO ME HE CAUTIVADO ASÍ?! ¡TAL COSA COMO EL AMOR EN PRIMER CONTACTO ES UNA QUIMERA! ¡UNA FALSEDAD TEÓRICA! ¡DESCONTROLADA VERTIENTE QUE AHORA ME HAS HECHO OBJETIVO DE TU PLAN!


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Los días transcurrieron con una abrumadora velocidad, sin dejar tiempo alguno a reflexiones o al disfrute de la presencia de la buena doncella. Fugaz parecieron los momentos en que entable conversaciones con ella, evadiendo con astucia cuestiones de índole política que la hagan tener memorias o recobrar intenciones de volver. Pero hasta yo sé, que tal cosa es imposible a menos que la prive de libertad. Accedí a acompañarla al Nexo, con la esperanza de que esa tierra de Caos siembre una nueva visión en sus ojos, que le otorgue un deseo distinto y compare la posibilidad de una gloriosa vida nueva, con su destruido pasado, que mal le trajo y mal le traerá. Diligente ha sido ella, demasiado servicial aun con la presencia de una mucama en la casa, y le digo presencia al poder constar finalmente que no es un producto de mi locura, y que si bien en su caso no puedo ver nada de su aura, la joven María Candelaria es capaz de verla y de interactuar con ella. Contando con el trabajo propio de la servidumbre, la hermosa inquilina estuvo a completa disposición de mantener el orden en la habitación que se le fue asignada, esa misma que ahora tengo al frente, y con todo el pesar de mi alma empiezo a abrir...

Abrir... Para buscar a aquella que se quiere despedir...

Más no es la intención de despedida lo que puedo percibir al momento de vislumbrar con mi sentido especial. No... Es el delirio, la emoción de una falsa promesa, ¡Una trampa mortal tejida por el mismo destino! Mi voz fue incapaz de ser proyectada antes de que mis habilidades reaccionaran primero, mi talento con las sombras superó a la celeridad que podría haber alcanzado con una carrera, y acortando la distancia entre la puerta y el ventanal, de un solo paso sombrío logro llegar hasta ella. Centímetros son, lo que la separan del borde de la seguridad y el vacío que lleva directamente a una caída estrepitosa, y ya sea cualquiera de las razones existentes en la realidad, logro aferrarla antes de que la gravedad ejerza su autoridad y la haga desplazarse directo contra la tierra.

Con ambos brazos rodeo su vientre, con la densidad de mi capa la abrigo del frío que supone la demencia y el desaliento de un deseo frustrado, contra mi pecho la sostengo, la aprisiono como si la poseyera en mi necesidad de no dejarla ir. ¡NO! ¡ME NIEGO! ¡REPUDIO TODO DESEO DE DEJARLA MARCHARSE DE MI LADO! Y aunque esas palabras fueron gritadas con toda la fuerza de mi alma, de mis labios solo pudo salir el más delicado tono de voz que haya tenido para una persona... Un susurro de alivio y miedo, arrinconado por las ideas de hallarla lastimada una vez más. Me desplazo hacia atrás con pasos lentos, cautelosos, alejándola de la ventana sin librarla de mi abrazo, y en cambio haciendo al mismo aún más cálido, sorprendido de que pueda demostrar algo como esto.

- No debes, doncella. Doloroso es, pero es un engaño tanto de tu mente como de tu creencia... Hacerte saltar solo te acercaría a la muerte, te mantendría prisionera del sufrimiento... - Mis palabras son un murmullo que nada ella podría entender, el resguardo de mi capa la cubre y la oculta casi por completo de la engañosa luz de ese astro dedicado a representar una falsa magnificencia, cuando es su brillo solo el responsable de decepciones. - No puedes volar ya de ese modo... No significa eso que no seas capaz de hacerlo. Ahora eres más libre de lo que nunca lo fuiste... Ahora tus piernas son las que te guiarán por senderos que desconoces... Ahora son tus ojos los que pueden mirar mucho más de lo que alguna vez se quiso que miraran... - Mis extremidades le dan mayor cobijo sobre mi pecho y entre mis prendas, sin tomar descanso alguno más que llevarla lentamente apartada de la ventana, sin atreverme a dejarla ir... Sin querer dejarla ir. - Mira al cielo solo como el techo de tus posibilidades, doncella. Porque ahora la tierra te pertenece, todo sobre ella que quieras tomar, tendrás la oportunidad de hacerlo tuyo. Te invito no a volver... Más si a ver lo que hay en este nuevo mundo. Tú, que puedes verlo... Te invito a que lo veas a mi lado y me cuentes que puedes ver... - Con sutileza nacida de la ternura que ella me produce, la hago girar lentamente para otorgarle otro abrazo, ahora permitiendo que este de frente contra mi cuerpo, que sea capaz de ver la expresión de emociones fusionadas entre las que destaca una pizca de terror. Mis manos acarician su espalda, el lugar donde una vez estuvieron dos horribles heridas, queriendo hacerle ver que nada queda aquí que pueda hacerla regresar volando al regazo de su tirano en los cielos.

Quiero hacerle ver que su jaula se ha roto, se encuentra en ruinas... Y que sus cadenas también.
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Mensaje por Credens Justitiam Mar Ago 12, 2014 11:28 am

La increíble sensación de un sol calido filtrándose por parte de sus ropas y calentando su piel fue simplemente hipnotica. ¿Cómo resistirse a ese astro que la llamaba nuevamente a su cuna? Sus ojos se relajaron entre la luz que daba directamente, haciéndolas brillar con nostalgia, a la vez que su sonrisa por primera vez desde hace bastante tiempo se notaba sincera. No era forzada ni tenia compromiso, sino porque en serio se sentía feliz. Sus pasos la hacían sentir flotar, mas solo moverse un centímetro mas la harian simplemente abrazar la muerte que no reclamó su alma hacia unos días. Mas todo se derrumbo en cuestion de milisegundos, cuando sintió una fuerza oscura hacer su aparición y romper su hermosa fantasía. Esa fuerza oscura fue mas brutal y maligna que aquella misma que en su momento robo sus alas y parte de su cordura. ¿Quién se suponía era tal villano que osaba hacer llorar a su pequeño corazón como un bebé al que se le quita su seno materno? Ese mismo que en un momento la habría “salvado”, para llevarla a un lugar oscuro donde temia brillar por lo atemorizante que eran las penumbras.

-¡No, déjeme!- Chilló mientras sus brazos se contorsionaban hacia adelante con las pocas fuerzas que le otorgaba su reciente recuperación. Su rostro de estar con la expresión mas alegre que quizás en su vida tuvo, se deformo a una llenísima de frustración y tristeza. No podía hacer nada para poder correr nuevamente a su cuna que se alejaba cada vez mas. Y no era solo la penumbra de la habitación lo que la envolvía y hacia más notoria la lejanía, sino el atrevimiento de cubrirla con una capa más oscura que una noche sin luna ni estrellas en el paraje más alejado de cualquier vida. ¿Qué era lo que trataba de hacer con eso? ¿Pensaba que era una especie de pájaro que si le tapaban los ojos quedaría tranquilo y clamo? ¡No y mil veces no! No era un simple pájaro al cual podían consolar con un trapo sobre su vista, pues el dolor de este pájaro no reside en lo que ve, sino en la ausencia de lo que siente. El hecho de que no es un pájaro con una o las dos alas rotas, sino a uno que le han arrancado sus alas y no le han dejado morir.  Era el pájaro mas triste de todos, y que por la misericordia de algún demente de bondad enfermiza, no la deja partir hacia donde debería ir. Ser una mas con aquel sol tan resplandeciente al cual ya no puede observar.

-Déjeme…- Vuelve a repetir, con una voz cortada, que de a poco comienza a enjuagarse en llanto sincero y doloroso como el de un niño huérfano. Empieza a llorar, sin siquiera tener la opción de tirarse al piso a hacer un berrinche, pues su abdomen sigue siendo abrazado con una fuerza y calidez que no concia, mas que sin embargo, no reconforta. Cosa que el ciego sin duda alguna está dispuesta a hacer, con palabras que sin darse cuenta terminan siendo de un modo otra espina mas incrustada en el pecho de ese canario dolido con su existencia. El hablarle de la posibilidad de tener piernas a alguien quien voló con sus propias alas, es como hacer una burla cruel de su condición. ¿A qué lugar se supone que podrá marchar con esas piernas que no la hicieron sentir mas libre que en sus mejores momentos? ¿Cómo intentar ilusionarla ahora, en un momento así, mas aun con extremidades que en ese mismo instante le cuestan mantenerse erguidas? Tiembla entera de los nervios, el miedo y la frustración. Respondería algo si solo su voz pudiera articular un llanto cohibido y lastimero para cualquiera que tuviera corazón.

Mas después de tanto revuelo, Al-Hazred simplemente hacer un movimiento demasiado arriesgado, como lo es el simplemente girarla con sus brazos, y estrecharla contra su pecho. Candelaria tiembla aun mas nerviosa ante esta muestra de … ¿Aprecio, puede decirse, o es acaso algo mas…?. Las manos del hechicero entonces comienzan a pasearse sobre su espalda, donde ese lugar aun hay cicatrices frescas, casi burlándose de las alas de ya no estan. Mas sin embargo, esas caricias se sienten como esas pequeñas palmaditas que compañeros suelen dar a alguien sin ánimos. La ex angelada continúa su llanto sobre el pecho ajeno, mojando las elegantes prendas de quien la contiene con sus amargas lagrimas. ¿Es que acaso este hombre no entiende que es lo que le sucede a esta muchachita? Intenta respirar profundo, mientras su corazón se amarga ante la negativa del imponente hombre a sus deseos. Ella necesita decírselo de un modo u otro, o quizás termine colapsando en su propia tristeza. No sabe si será lo suficientemente valiente para luego hablarlo con la naturalidad que un arrebato emocional le otorga. –Es usted…. Es usted….- Murmura al comienzo, con un tono que no parece tan dulce como el que suele acostumbrar a usar. Obviamente esta ahogada con su propia aflicción cuando desea modular. –Es usted quien me arrebato…. Y no quiere que regrese…- Dice, dejando expuestas las intenciones del loco que quiere pasear a este pájaro con un collar, como si pudiera narrar la belleza que la rodea ahora, cuando todo lo que ves es penumbras.

-No puedo… Tengo miedo aquí… No me siento segura… Me necesitan… En casa….- Responde, sujetando con toda la fuerza que sus dedos le permiten la chaqueta de Al-Hazred, pues impotencia es lo que siente. Aun no termina de caer en una propuesta así, aunque sabe muy en el fondo que quizás algo de razón tenga. Volver por el bien de su corazón y consciencia, solo sería para poder rezar a las tumbas –si es que se lograron hacer- de todos aquellos a quienes quiso y puso en jaque su vida para protegerlos. Su corazón podría volver a morir, pues inevitable seria en la inexperta que sus memorias sean ultrajadas por la imagen de la muerte de sus compañeros. De esos que vagamente recuerda, ya abrazaba y los acompañaba por segundos antes de que sus almas expiren de sus maltratados cuerpos.
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Mensaje por Al-Hazred Sáb Ago 23, 2014 6:26 pm

Ah, crueldad, implícita desde los orígenes mismos de la nueva ley que impusimos hace un milenio, despiadada verdad por la que nos regimos a diario con el egoísmo que nos caracteriza, pactando tratos y sustentando la sociedad a base de la autoridad que hemos creado a conveniencia de nuestros caprichos personales. No es de extrañarse en lo absoluto, que con antecedentes tales, sea yo un desconsiderado villano capaz de causar el llanto de una damisela que no está en aprietos, sino destrozada en aspectos visibles e invisibles por igual. No tengo conocimiento de cómo ha de ser su aspecto actual, ni tener la capacidad de identificar como debió ser su apariencia antes de estos acontecimientos que la han marcado, más si soy completamente consciente de algo que ella ignora y tilda de negativo, doloroso y despreciable, en un intento por permanecer bajo el yugo que la ha hecho dependiente de las mentiras y mandatos tiránicos de los que gobiernan a su especie sin procurarles libertades que puedan hacerlos felices acorde a sus propias decisiones. Ideas que no son las de ella o la de sus pares, mandatos que les han hecho obedecer sin un ápice de oposición, una falsa muestra de felicidad desde el concepto de la Gracia Divina que insiste en mantenerse suprema sin en verdad merecerlo.

- Aun en la amargura de ese llanto, eres de verdad hermosa, Doncella... - Mi susurro es todavía más cruel, tanto como la calidez de mi abrazo del cual ella no puede librarse al carecer de fuerzas para resistirse a mi cariño espontaneo. Rodeada bajo mis alas se encuentra, presa de mi deseo por protegerla, de liberarla de esas cadenas que están rotas y que ella insiste ciegamente en aferrarse a ellas sin detenerse a respirar una bocanada de aire externo a su jaula. - Lloras ahora con todo tu sentimiento, hermosa Damisela, mismo sentimiento que proviene de tu capacidad de comprender lo viva que estás, más de lo que alguna vez estuviste. - Con la vileza de aquel que tiene el control de la situación, tomo su cabeza haciendo gala de la delicadeza que se tiene hacia algo que es puro, llevándola a mi pecho y haciéndole encontrar reposo ante la angustia que termina de destruir toda alegría nacida en la locura que el orden acaba de emplear con el uso de la estrella mañanera como recurso para hacerla saltar y entregarse a la muerte que busca reclamarla en negación a la posibilidad que se libere. - Es la razón para mantenerte con vida. Morir extinguirá esa hermosura que emanas... Esa pureza en tu alma, ese brillo tan magnifico que simboliza tu existencia. No debes, por esa razón, ceder a la visión que intenta engañarte para lastimarte... - Caricias de mis manos han de llegar a su rostro, luego de modificar mi temperatura para que sea una cálida sensación al momento de limpiar las lágrimas que se desbordan de sus ojos que empiezan a abrirse...

- Preciosa e importante eres, como para permitir que seas abducida por la muerte. Eres un ejemplo de estoicismo, de la mayor de las resiliencias. No quiero... No permitiré que mueras... - En ninguna de mis experiencias pasadas, me he encontrado alentando a otra persona, menos todavía profesando intenciones de protección a una entidad perteneciente a la casta de servidores del Orden, los cuales repudio sin miramientos de ningún tipo. Oh, Al-Hazred, que enamorado te encuentras... Sumido en un océano de color dorado y de dulce aroma, hermoso paisaje que puedes abrazar bajo tu capa y ser capaz de susurrarle versos de valor. - No debes temer a esto, Doncella. Esto es vida, la verdadera definición de la vida... Libertad... - Al tomarla de una mejilla y hacerla contemplar mi expresión de empatía y calidez, le hago ver mi sonrisa que se puede denominar como todo menos compasiva, pues no le tengo lástima ni nada que sea sinónimo de ello, por contrario la puedo admirar por su grandeza al sobrevivir. - Has vivido incluso frente al mayor enemigo... No puedes resignarte a morir... Cuando bien dices que te necesitan. Yo te necesito... - Que el abrazo siguiente no la haga pensar en que se trata solo de mí, ya que de inmediato añado más a mi argumento. - Tú te necesitas a ti misma... Vive, Doncella. Vive... Para ver el final de este día y el comienzo del que le sigue... Sin privar al mundo de tu presencia. No existe nadie tan especial como tu... - Tales frases ni siquiera son pensadas en mi cabeza, son pronunciadas apenas son construidas en los laberintos de mi consciencia... No, de mi alma. Son en realidad los susurros de mi propio ser quienes hablan.

Mi deseo es que encuentres verdadera felicidad en tu vida...
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Mensaje por Credens Justitiam Jue Ago 28, 2014 11:38 pm

Como tragedia puede describir su vida en ese instante, en la que simplemente no puede hallar razones para levantarse de nuevo. Y por más que tuviera la suficiente rabia para intentarlo, lastimosamente el cuerpo sano del hechicero es mucho mas fuerte que su cuerpo que recién desea recuperarse. Sus lagrimas en ese instante, es capaz el simbolismo mas amargo al que pueda enfrentarse en demasiado tiempo, por supuesto, si es que su corazón aun desea latir luego de tanto. Pero, aun asi, prisionera de un hombre ciego y al que podría catalogar malvado, esta empeñado a que ella vuelva a ser la criatura esplendida que era, como si alguna vez la hubiera conocido. Intenta reconfortarla con palabras que son demasiado bonitas para ser dedicadas a alguien tan miserable como lo es ella en ese instante. ¿Qué caso tiene el inspirarla a vivir? ¿Por qué razón él desea demostrarle que tiene mas objetivos en su vida, que aquellos con los que se formo y cree firmemente? Es un aliento que la confunde, mas aun viniendo de un habitante de un reino al cual solo puede atribuirle en su imaginario cosas horribles y contra la naturaleza, no obstante…. No obstante el abrazo con el cual la acurruca de algún modo empieza a ser reconfortante, cuando decide llamarse a sí misma al silencio y a la serenidad porque no ha sido realmente nunca de querer llorar escandalosamente.

Es en ese instante, ese momento de paz, que algo viene a su mente. Quizás es efecto de la conmoción que le toca vivir en ese instante, en donde imágenes de su adorada Paradisso llegan a su mente en su mejor momento. ¿Qué logra ver en ellas?... A ella misma, cuando muy pequeña recién comenzaba el entrenamiento por sus superiores para que el día de mañana pudiera servir a su nación. Si tan solo hubiera sabido que tanto castigo y ejercicio no servirían en el momento de la verdad…. Mas sin detenerse de recordar, aun ve con su perspectiva, con esos pequeños ojos ambarinos llenos de miedo el momento donde visualiza el piso desde una casa de varios pisos. Está en una terraza con varios compañeros mas, de su edad, de los cuales la gran mayoría no alcanzo a calificar dentro de la guardia. Las palabras se tornan dolorosas, pero no como ese dolor que causan lagrimas en el momento, sino por la sensación de aquel dolor que perduro en el tiempo. “No puedes”, “Eres débil”, “Eres el peor novato que he visto en mi vida”, “No eres para nada especial” decían sus compañeros mientras un reto que ponía en duda su valor la arrinconaba contra la cornisa por la cual debía lanzarse y volar, para demostrar que las pequeñas alas que crecían en su cuerpo eran de utilidad y no una deformidad demasiado llamativa.

-No estoy segura..- Murmuro su pequeña persona, mientras miraba con terror como la gente pasaba con normalidad por las calles de Paradisso, muchísimo antes de que todo el horror de la guerra comenzara. –Podría lastimar a alguien…- Agrega, olvidando el hecho de que ella misma podría salir gravemente herida de no llegar a volar antes de que su delicado cuerpo impacte contra las calles de piedra pulida. Ella voltea temblando, mientras uno de sus superiores en rango se acerca desafiante, y la pequeña Candelaria se asusta, pues sabe de sus intenciones. Su boca no llega a advertir que justo viene caminando un hombre al cual podría caerle encima. Mas lo único que llega a articular es un grito de terror mientras sus extremidades golpetea el aire como si pudiera nadar en el. Mas el sonido sordo la hace callarse, pensando que ya estaria muerta la detiene. Tiembla, teniendo miedo de abrir sus ojos y no verse mas sobre su cuerpo. Mas una voz dulce y suave le habla, animándola a descubrir de quien se trata.  Ella observa aun con sus ojos llorosos, como un caballero de cabellos rubios, ojos cerrados y capa negra la sostiene en su pecho, depositándola con suavidad en el suelo mientras una pequeña caricia en su cabeza intenta tranquilizarla… Las mismas caricias que siente que ahora mismo se la dan en su cabeza.

-¿No recuerda…?-  Pregunta entonces, tras un larguísimo silencio. Ella, reacciona de un modo sin precedentes al acomodarse un poco más en el pecho del villanesco hechicero que la alejo del sol. Se toma su tiempo para decirlo, pues sus ojos aun llorosos, como la primera vez, vuelven a contemplar el hombre que la han salvado de la caída que quizás la llevaría con la muerte. Y puede reconocerlo, con las mismas lagrimas en sus ojos, como el mismo hombre que cuando muy infanta la rescato en su ciudad cuando el apogeo y la gloria eran sinónimos de su imagen. Ella está muy segura, en ese mismo instante, de que no ha sido casualidad nada de lo que ha pasado y el que las circunstancias lo unan. Mas no se atreve dar un significado concreto a lo que sucede, pero si hablar de antecedentes… Antecedentes que Al-Hazred capaz aun no recuerda como ella lo acaba de hacer. –Paradisso…. Hace muchísimos años… Una niña… Que cayó directo a sus brazos…- Murmura, lento pero convencida de sus palabras. Ella decide abrazarlo, mientras más lagrimas comienzan a deslizarse por sus mejillas, pero estas no son como las de hace un rato. Estás son cálidas y reconfortantes… El llanto de un ángel.

-Esa niña… Era yo….- Menciona, con dulzura, con la serenidad que siempre se la caracterizo. Como si hubiera sido sanada de la herida más profunda con la cual ninguna pasión o hechizo la podrían cerrar. Comenzar a contemplar razones, causas, caminos y el porqué el destino lo quiso de ese modo. No es casualidad a su ver, haber sido salvada dos veces por el mismo hombre. No es casualidad, que la aleje de la muerte cuando caía en picada sin la posibilidad de volar.  Ahora debería repetir el ciclo, alzarse para que en unos años… Se sienta tan segura como en su primera etapa de vida se sintió.
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Mensaje por Al-Hazred Dom Sep 07, 2014 10:49 pm

Preguntas que por motivos no especificos quedarán en dudas que me inspiren a buscar sus respuestas, interrogantes como esa que me planteo y me atrevo a señalar como pertinente, cuando me pregunto de pie en el foco de luz del escenario... Al-Hazred, ¿Eres tú el indicado para proteger algo? Destructor, cruel villano, demente asesino y despiadado embajador que no dudaría en enviar a la humillante muerte a aquellos que a mi juicio sean solo molestias... Oh, ironía, que aquel que dedicó toda su vida a la persecución de la preservación individual y la eternidad... Esté ahora, tanto ciego como mudo, sosteniendo a una criatura con la mayor de las ternuras, temeroso de fracturarla entre sus brazos, e inseguro de liberarla por temor a que una fuerza se atreva a abducir a esta doncella cuyas alas no son lo único que se ha roto, sino también su corazón. Oh, dulce espíritu, esencia noble que has sido arrojada a un mundo demasiado cruel para ti, y que por tu luz es que toda esta locura llega a ser comprensible brevemente... Es en este instante en que puedes sentir lo que significa la palabra de eso que llamas "Dios", su infinito desprecio hacia aquellos que pierden la imagen que él les ha dado, siendo tu culpa o no que ya no tengas la capacidad de volar. Él no te quiere a su lado, solo desea que retornes arrodillada ante su trono para castigarte por haberle fallado, en lugar de apoyarte a que sigas andando.

Ah... Nostalgia... Una "visión" al pasado traída por las palabras de esta doncella, donde me puedo situar como un caminante del vasto planeta en búsqueda de los muchos secretos que yacen ocultos en el mismo, conocedor afortunado en ese momento de lo que sería el falso esplendor del bastión de mentiras que era Paradisso. En aquel entonces seguía los indicios de la palabra divina del orden, para poder fabricar un conjuro que rechazare a la presencia de los Ángeles y los agentes que se dedican a funcionar como los carceleros de todos los caminantes. Orgullosos de títulos que les fueron dados por nacimiento, y que esbozaban sonrisas hipócritas ocultando la arrogancia que han tachado de pecado, disfrazándola de bondad. Fue durante ese viaje en anonimato, cuando tuve un contacto bastante cercano con una de esas entidades, y que en efecto me hizo plantear preguntas acerca la naturaleza de ellos mismos en su totalidad. Desde el cielo, como una metáfora adorable, cayó una pequeña que encontró aterrizaje entre mis brazos y mi pecho, la cual sostuve por instinto y sin problema alguno gracias a la ligereza de su cuerpo infantil. Alas pequeñas brotaban de su espalda, y se movieron un poco aún bajo mis dos extremidades superiores, y ni siquiera con esa peculiar demostración de miedo, superaba al temblor natural del susto que debió suponer la amenaza del daño que supone una caída desde lo que parecía ser, una altura considerable.

Es cierto que hasta las aves lanzan a sus crías para forzarlas a volar... Es una ley que respeto... Pero en esa ocasión, me pareció detestable. No pude evitar sonreír y demostrar una inusual muestra de gentileza hacia alguien desconocido, destacando que no tengo paciencia con los niños, y todavía tratándose de la clase de infante a la que pertenecía. Fue ese temblor, esa sensación de miedo y culpa, la que lograron enternecerme aun delante del hecho de contemplar su debilidad, justificada en su juventud. - Oh, parece que un Ángel ha descendido de los cielos... - Mi mano izquierda encuentra la cabeza de la doncella, y al posarse sobre la misma resulta en una caricia que busca tranquilizarla, seguida por una pregunta que tal vez sería la más común en esas circunstancias. - ¿Te encuentras ilesa? ¿Hay daño alguno sobre ti? - Fue ese calor, esa llama tan tenue de ella, que provocó un deseo en mi persona que solo pude suprimir con mi lógica y ego...

Desee llevármela. Raptarla de ese lugar y hacer crecer su fuego en las tierras de Kil'Daggoth. Me resigné en ese instante a que seguiría los pasos de aquel que la ha hecho nacer por su designio, y que jamás tendría su presencia entre mis brazos...

Hasta esa mañana...

- ... Doncella... - Mi abrazo se afianza con una emoción que hace latir mi corazón nuevamente, por una brevedad que resulta eterna, que solo puedo describir como verdadera felicidad. - ... Parece que ese Ángel... Ha vuelto a caer en mis brazos... - Mi diestra es ahora la mano que se dirige a su cabeza, y con la suavidad de aquel que busca sentir la textura de algo más delicado que la seda, limpio las lágrima que caen de los ojos de esta criatura que parece todavía más temerosa y débil de lo que fue cuando niña. Pero, solo yo sé, y ella también en el fondo, que ha crecido con una fortaleza insuperable y una belleza de espíritu superior en todo sentido, misma que seguro se refleja en cada parte de su aspecto. Con tan solo una caricia a su rostro, una sonrisa a su mirada, y un abrazo protector, puedo saber que en efecto es hermosa. - Será mi deber asegurarme que de ahora en más, estés ilesa... Ningún daño habrá de caer sobre ti... - Al rodear una vez más su cuerpo, y ocultarla en mi pecho de toda luz posible, le prometo una lealtad que solo se define con algo más allá de la amistad... - Te acompañaré hasta que sonrías, y más cuando llores... Te enseñaré a vivir a ti, que has crecido y debes crecer todavía más. Te enseñaré a tener posibilidades de viajar por el mundo como nunca lo has hecho... Igual que como yo soy capaz de verlo... Por eso, no debes rendirte ni resignarte. Todavía hay muchas cosas que debes vivir... - Tras apegarla una vez más a mi cuerpo y dejarla reposar en mi pecho, acaricio una vez más esos rizos de su cabeza, tras hacerle mi juramento.

Un juramento de ayudarla a volar, y de estar siempre ahí para sostenerla si cae.
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[Recuerdo]Mirada al Pasado: Una vista inolvidable Empty Re: [Recuerdo]Mirada al Pasado: Una vista inolvidable

Mensaje por Credens Justitiam Jue Oct 09, 2014 9:46 pm

*** 2 semanas después ***



Han pasado varios días desde aquella situación dramática. Hoy ella ya se encuentra con una recuperación casi completa, cosa que la asombra cada vez que lo recuerda. Si hubiera estado en Paradisso, no podría decirse lo mismo. Las sanaciones requieren de su tiempo, y mas aun, de sacrificios que muchas veces terminan siendo mas dolorosos que las mismas heridas que uno posee. No se puede purificar una herida que puede significar vergüenza, sin sufrir en el proceso para a su vez, aprender una lección importante sobre compromiso y superación. Aprender a no volver a fallar es la enseñanza de todo eso.

En esta ocasión la joven Maria Candelaria se encuentra sentaba en una de las bancas que posee el patio de la gran casa de Al-Hazred. Es un patio muy tupido, y hasta inclusive podría decir que es sombrío. Aun no atreviéndose a salir al exterior pues su miedo y su sensación de debilidad que aún persiste en sus pensamientos la acobardan. Ella no obstante, recorre casi toda la casa buscando siempre ayudar a la ama de llaves, en la cual encontró una compañía silenciosa pero muy acogedora. Y aunque la misma insiste en que no es necesario que le asista en absolutamente nada, ella desea hacerlo. Esa mañana por ejemplo, ya han terminado con casi todos los quehaceres, y es por esa misma razón que se encuentra reposando en el patio. El sol no brilla, pero aun hay algunas flores que se atreven a vivir sin él. Aun así, no es la ausencia de sol el problema más grande que parecieran atravesar las plantas que pretenden florecer de todos modos, sino las mismas malezas que las ahogan. Y eso la pone un poco reflexiva con respecto a ese patio que bien podría ser una postal de ensueño.

-¿Pensando en el patio, Señorita?- Diría una voz en sus pensamientos, que la sorprende un poco. Candelaria sonríe al segundo, mientras ve como la ama de llaves, Mita Ashley, se sienta a su lado en la banca. –Así es Mita... Estaba pensando que podría… Arreglarlo un poco… Creo que el aroma a hierba de este lugar puede ser reemplazado con fragancia de flores, si pudieran crecer mejor…-  Responde mientras pasea con su mirada ambarina todo el lugar, hasta finalmente llegar de nuevo a esa banca donde están ambas sentadas. Es de mármol blanco, pero no hace falta aclarar que al igual que a su alrededor, se encuentra descuidado. Por supuesto no se trata de nada que un paño y algo de fuerza no pueda arreglarlo. Lo sabe a la perfección, recordando como a veces le tocaba ser castigada limpiando los muros de mármol de la gran Catedral de su amado y destruido país…

-Creo que voy a arreglar este jardín, Mita. ¿Crees que sea posible?- Pregunta, buscando una respuesta sincera de la muchacha de calma mirada a su lado. La silenciosa ama de llaves responde con una sonrisa. –Creo que lo dejara muy bonito-. Ambas se sonrieron con cordialidad luego de eso.


***


Han pasado unos cinco días más luego de esa charla. Candelaria, aun reticente de salir para buscar cosas, ha logrado manejarse con lo que tenía a mano y con lo que Mita ha conseguido. Es una suerte que Al-Hazred solo retorne a su hogar cuando es de noche, pues de ese modo tiene desde la mañana hasta el crepúsculo para poder trabajar sobre la tierra. Los primeros dos días se ha dedicado a eliminar toda la maleza que había en el jardín, dejando solo las plantas que han de ser necesarias. Con la tierra ya fértil, se ha dedicado a arreglar las plantas que han sobrevivido. Los arbustos serian domados con formas no ostentosas pero si controladas, y se empezaría a plantar en el suelo blando semillas de lo que según Mita, son flores propias de Kil´Daggoth, por lo que la rubia extranjera estaría realmente ansiosa de verlas germinar y saber qué clase de maravillosa planta produciría.

La ultima tarde de trabajo, ha dejado el lugar casi listo. Y casi listo es porque no puede estar completamente completo, no hasta que las semillas que ha plantado, germinen. Como termina relativamente temprano, va a ayudar a Mita a preparar la cena, y posteriormente se iria a dar una ducha para finalmente relajarse un poco. Se quitaría con ello cualquier atisbo de tierra de todo su cuerpo y un poco de aroma que se impregna en su cabello cuando se cocina con especias y algunas verduras. Pero sabe que al menos la recompensa es que la comida de esa noche será deliciosa. Vistiéndose ligera pero no menos recatada como suele hacerlo, baja nuevamente hacia el primer piso. Sabe que en unos momentos ha de llegar Al-Hazred de realizar sus obligaciones, y es una costumbre suya el recibirlo junto con Mita. Pero al llegar, se da cuenta que ha tardado algunos segundos de mas. Mita se encuentra junto al señor de la casa, “hablando” de algo que no llega a escuchar.

-Bueno, aquí está la señorita. Deberíamos cenar ahora.- Diría Mita, volteando hacia María Candelaria, que con pequeños pasos presurosos se acercaba a su salvador. –Bienvenido a casa, Al-Hazred. Espero que haya tenido un buen día.- Menciona, con un tono dulce y amable, dándole una pequeña reverencia que seguramente no ha de ver, pero que no piensa dejar de hacerla. El agradecimiento es fundamental para poder crear una coexistencia en esa casa, con esas personas, al menos desde su punto de vista.
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Mensaje por Al-Hazred Miér Oct 22, 2014 11:17 pm

El tiempo es una efímera fantasía, una regla que por instinto es seguida y listos han sido los señores del Orden en su afán de esclavizarnos, al punto de hacer suyo este sistema del que inevitablemente podemos salir. Es así, que los días pasan en una armonía muy alegre, una alegría que ni siquiera en mis logros mayores he poseído, un júbilo que no puede ser otorgado por medio de ninguna soberbia y que solo cae en la categoría de fortuna. Oh, destino incierto, que has hecho que mis palabras llegasen al alma de la doncella dorada, sumadas a un abrazo que rescató memorias que yacían perdidas en la recóndita profundidad de su mente... Y que por igual, me permitió rememorar un evento pasado en el que por muy poco me convertí en un secuestrador, un maleante que la llevara lejos de todo ese entorno donde se encargarían de limpiar sus deseos de algo diferente a la voluntad de quienes se jactan de ser divinos y supremos. Ah, fortuna, que la has traído de vuelta a mis brazos, mismos que la han salvado no una, sino dos veces de caer y causar la extinción de su llama. Feliz me encuentro... Aun cuando el tiempo parece pasar tan rápido, y su presencia se ha convertido en una necesidad de la mansión de Al-Hazred, quien finalmente puede entender y recordar la calidad de la presencia real, y más importante, la de alguien que es deseada.

Secreto también se ha vuelto, pues alguien como ella sería una fuente codiciada de energía, o un raro espécimen a quien encarcelar... Ah, casualidad no es que haya terminado bajo la protección de mi manto y que refugiada se encuentra en mi morada, lejos de los peligros que acechan en las calles de nuestra nación, y entre las ruinas de su destruido reino natal, que seguro asediado se encuentra por toda clase de pestes y monstruos deseosos de consumir sin freno alguno las almas y carne de quienes allí habitan o habitaron. En paz puedo estar, sabiendo que no se ha de aventurar fuera de la barrera establecida en mi hogar, por tanto no será detectada por ningún atacante potencial o un vengativo ser que quiera cobrar su vida tras enterarse que el Rey del Nexo fracasó en su intento por matarla. Es entonces que retomo mis obligaciones, cargo de embajador establecido desde hace siglos, igual que los demás políticos que existen a lo largo de las familias más antiguas y que nos hemos impuesto como los gobernantes administrativos que siguen la palabra de los Señores del Caos, que muy complacidos parecen por la presencia de mi adorada inquilina, al no haber habido insinuación alguna de presentarla como sacrificio y por contrario se han encargado de que todo marche adecuadamente para asegurar sus cuidados.

Una razón de verdad emocionante para volver a casa, una mansión que por milenios se mantuvo habitada solo por mi, y no he de contar la presencia de la mucama pues simplemente ella no tiene algo así, e igualmente no fue nunca mi deseo su estadía, ya que tampoco ella aceptará mi comando a la hora de hacerla salir de mi santuario. La doncella se toma su estadía como una carga por la que debe pagar, atiende lo quehaceres del hogar por mucha insistencia que coloque al decirle que no es necesario, al punto en que se ocupa de querer ayudar a la sirvienta quien trabaja igualmente por propia voluntad. Ah, carezco de un umbral que pueda ensombrecer esa magnífica disposición, y aunque lo tuviera no quisiera opacar esa brillantez que surge de la voluntad, inquebrantable, ya que solo protegiéndola de una muerte humillante y haciéndola revivir un recuerdo, fue como logre mantenerla en este lugar con la promesa de una nueva vida, identidad, y responsabilidad.

El final de mi jornada termina, y mi regreso a casa se completa. Entro por ese camino que está más que memorizado, me aseguro de que la puerta sea sellada una vez que me encuentro pisando el interior de mi propiedad, y sorprendido soy por un par de manos que me detienen y comienzan a arreglar mi vestimenta de pequeños desarreglos propios que pueden ser ocasionados por el ajetreo de revisar documentaciones y realizar glifos que sellen las sentencias dictadas por los altos mandos. Reconozco esas manos, ese tacto tan extraño de alguien que no tiene presencia, y no es para nada indebido sino que cae en lo que puede ser amable. - Al-Hazred, la señorita ha estado trabajando en el jardín. Te prohíbo bajo todo concepto que hagas algo a su trabajo, no por pensar que hagas mal, sino querer acelerar el proceso de crecimiento de las plantas. - Mi rostro se ha de endurecer entre sorpresa y un dejo de soberbia, al pensar en la idea de escuchar una frase de ella alusiva a la prohibición de algo. Una ocasión en la que no he de llevar la contraria a sus palabras mentales, y que por otra parte me hace pensar en que la doncella habrá de estado esforzándose más de lo que debería.

- Bueno es ahora, que la escucho a usted, doncella. Complacido estoy por su recibimiento. - Al momento en que la mucama se aparta, me acerco a la invitada y le espero al comienzo de las escaleras, cumpliendo con una reverencia, y ofreciéndole mi mano igual que un caballero pide a una dama el honor de un baile, la llevo hasta la mesa que se ha de encontrar ya preparada con alimentos. Ah, conceptos olvidados, retomados por una participación que busca integrar a la doncella a un ambiente donde pueda decir que se encuentra entre una familia, y ser parte de la misma, como residente de esta casa. Asientos ocupados, procedemos a comer, aunque sé que nada de esto puede nutrirme en realidad, y por lo que tengo entendido a nivel de experiencia, la sirvienta lo sabe. - ¿Cómo ha sido su día, doncella? ¿Se siente cómoda? - Planeo sorprender a la joven con una propuesta que implica un peligro innegable, aunque se puede permitir en esta ocasión tras notar que su recuperación ha sido satisfactoria, y el aislamiento puede no ser algo positivo para alguien que seguramente no ha tenido la costumbre del mismo. - ¿Siente que está en capacidades de salir? Si lo desea... Puedo acompañarla a admirar lo que puede ofrecer nuestro reino de Kil'Daggoth. - Es necesario mostrarle una cara distinta a la que seguro le han fabricado de nuestras tierras, y la mejor forma es admirándolo...

Aceptándolo...

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Mensaje por Credens Justitiam Mar Nov 11, 2014 2:08 am

Candelaria sonríe con alegría y gustosa al escuchar las palabras del hechicero rubio que se termina acercando al pie de las escaleras, lugar donde ahora mismo se encuentra. Es una pequeña atención, si es que puede llamársele así, que se ha convertido en habito del dueño de la casa, el asistirla en su caminar cada vez que se encuentra cerca. Claro, es completamente entendible que lo hiciera en un comienzo en sus primeros días en esa sombría morada; donde las heridas en su cuerpo realmente le dificultaban hasta los movimientos más básicos. Pero ya no es el caso, y aunque si no puede hacer grandes esfuerzos,  disfruta de ese gesto tan cordial y amable que tiene para con ella. Sujetando suavemente su mano, camina a su lado con una apacible sonrisa, esa que tiene de forma natural u casi moldeada en sus facciones.

Finalmente han de llegar a la mesa que ya está servida. Algo que sin duda es curioso para la rubia extranjera, pues ha notado como ese lugar ha pasado de estar abandonado, a tener nuevamente un poco de vida. No ha preguntado pues ser entrometida no es algo que se le ha enseñado a ser, pero si debiera arriesgarse a apostar, diría que no es habitualmente un lugar donde se supiera estar demasiado. No al menos desde su llegada, haciendo que al menos la alfombra en el piso dejara de estar marcada en el lugar donde las sillas permanecen en reposo. Aunque no ha sido solo la mesa lo que le ha dejado pensando, sino también el mismo hecho de que en realidad, en la cocina del hogar tampoco había muchos utensilios o mismísimos alimentos para cuando quiso ayudar a preparar algo que servir. Mita sin dar muchos rodeos decía que lo que estaba en existencia, era por mera necesidad de ser nutritivo para ella misma. Es decir, la comida que durante su reposo ingirió, era únicamente preparara para ella. Nada de agua, o de jugos seguramente llenaron los jarrones. Lo que si había al menos, y en bastantes cantidades eran hierbas para hacer té. Cosa que aparentemente Mita si consumía mucho, y era un alivio pues en realidad la ángel también le fascinaba.  Mas volviendo a lo verdaderamente importante, Candelaria en realidad estaba feliz de poner una tradición así en una familia un poco disfuncional. O al menos ella creía que con eso hacia un bien… De algún modo…

-¡Ah, sí, muy cómoda Al-Hazred! Realmente estoy en deuda tanto con usted como con la señorita Mita por haberme cuidado tan bien…-
Mencionaría, con un dejo de sorpresa en un primer momento. Se había escapado de sus dedos el tenedor que tenida en ellos, mas cuando nuevamente intento tomarlo se vio sorprendida por una nueva interrogante que hizo que su sonrisa se borrara por unos instantes.  Se mostraba sorprendida, y nuevamente el tenedor que tenía entre sus dedos se resbalo, chocando esta vez con la vajilla que estaba en su sitio. Era tonto de su parte bajar su mirada, considerando que Al-Hazred no podía incomodarla con su mirada, y Mita mantenía la misma expresión plana de siempre, pero esa pregunta la puso ciertamente nerviosa.

-Oh, bueno… Yo…- Murmuro primero, sacudiendo levemente su cabeza, y poniéndose un poco más firme. Ese no era el modo de responder, pues los balbuceos no eran correctos en ningún momento. –Bueno, no pensaba salir sin compañía suya… O de Mita… Creo que usted me advirtió de los peligros de aventurarme sola en su reino, sin no mal recuerdo…- Diría, teniendo pequeñas memorias de esa charla en el inmenso salón de la casa, donde ella estaba determinaba a volver a su tierra natal. Por alguna razón, el hechicero había dado con las palabras justas para que se doblegara con su idea, desconociendo aun de la pócima con la que había sido “envenenada” para que su voluntad flaqueara fácilmente. Claro que eso no seria algo que pudiera saber, ya que las posibilidades que el hechicero terminara relevando sus tretas eran bastantes nulas.

Se creó un silencio por parte de Candelaria por unos segundos más, hasta que finalmente la sonrisa volvió a su rostro. –Me gustaría salir… Acompañada, por supuesto. Pero, ¿no le supondría algún inconveniente que usted me acompañe? Es decir… Seguramente tiene responsabilidades que atender en su trabajo…- Expresaría con un poco de pena en su voz. Ciertamente apreciaba de manera infinita todas las atenciones que habían tenido con ella, mas no quería aprovecharse de ningún modo. Mita le había comentado que Al-Hazred era en realidad una figura bastante reconocida en su nación, por lo que suponía que algún cargo de importancia y con mucha responsabilidad debía cargar sobre sus hombros. Un hechicero sin duda excelente, del que a pesar de no poder ver, parece reconocer cada rincón de este reino que le supone misterio y algo de miedo también.

-Si usted cree que es conveniente que pueda salir en estos momentos, lo hare con gusto.- Diría, con ese tono de voz completamente renovado. No podría estar por siempre en esa casa, más después de que ciertamente sintiera que no podía permanecer por siempre allí. Aunque tras varios días, la nostalgia le ha vuelto a golpear su inseguro corazón, susurrándole cosas que hace días pensaba quedaron “relegadas” a un segundo puesto. Si bien no extraña a Paradisso, siente que debería saber como esta su reino… Si su gente aun vive o si efectivamente todo el lugar ha sido arrastrado por la sombra de la muerte, como Al-Hazred ha narrado en las pocas noticias que se atrevió a darle tras mucha insistencia.
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Mensaje por Al-Hazred Vie Dic 05, 2014 9:58 pm

Existe toda una extensión de realidad que se pierde mucho más lejos de lo que cualquier vista permite abarcar. Lugares que con tan solo la infinidad de la imaginación pueden alcanzarse si no se tienen los medios de poder acceder a ellas con las propias fuerzas, y aun con el poder de una mente creativa que rebose vida, no es posible recrear lo que yace en muchos de esos lugares donde la magia puede o no habitar. Suficiente ha de ser con lo que representa nuestros límites físicos, nuevas experiencias se pueden tener a diario con tan solo andar a donde los intereses visuales guíen, razón por la cual he tomado grandes preferencias personales a la hora de invertir mi tiempo en el encierro la mayoría de las oportunidades, y solo estoy dispuesto a aventurarme al exterior cuando el mismo puede prometerme un evento que me haga sentir fortuna y dicha. Ejemplo de esto, mi encuentro con esta joven... En dos oportunidades durante la visita a Paradisso, antes y después de su caída.

Las ruinas la alcanzaron incluso a ella, que en el pasado fue solo una pequeña temerosa del daño y de la superioridad disciplinaria que en aquel entonces la expuso a un riesgo ambiguo en necesidad como también futilidad. En el presente es alguien de un temple sin igual, lástima que en su espíritu sembraron convicciones vacías desde la ignorancia y el temor al castigo divino, sobre sus alas colocaron una responsabilidad nacidas en la naturaleza de su ser y la obligaron a vivir con rectitud, o ha de ser mejor denominar eso, esclavitud. Resultado de su educación que la ha hecho reclusa frente la idea de pecar, ha sido excluida de las maravillas que esperan ser conocidas por ella, y ha de ser mi sugerencia lo que intenta sembrar esa curiosidad con la intención de hacerla despertar de verdad. Que un torrente de colores pasen por sus ojos, que contemple los variados matices de la felicidad y los significados tan distintos de la belleza.

- No se diga más, doncella. Termina tus alimentos, y dirígete a la habitación que para ti se ha dispuesto. Ropas estarán a tu disposición, has uso de esos atuendos y te llevaré a conocer parte de lo que Kil'Daggoth puede ofrecer a todos. - Estar rodeada de reglas y el brillo eterno del oro es suficiente para nublar su juicio y hacerla prejuiciosa. Ha de comprobar con su tacto, vista y oído lo que significa de verdad la belleza del caos, lo que ha logrado construir de sus cimientos tan llanos y simples, la magnificencia de la evolución y el futuro inevitable que consigo trae poder en cualquier ámbito.

Con ese anuncio, dejo que mis pensamientos sean quienes me otorguen alternativas acerca de las locaciones que puedo mostrar, algo que en un principio no se aparte demasiado de la cercanía de esta mansión, y que a su vez pueda aportar algo de iluminación si se habla en la metáfora de querer reflejar nuestra cultura. Kil'Daggoth es un reino orgulloso de lo que posee, de lo que puede transmitir incluso en la simplicidad de algo pequeño. Ah, emoción... No puedo contener mi ansiedad con tan solo pensar que puedo ser capaz de enseñar algo a un alma que se encamina en su reencarnación, en su renacimiento merecido luego de haber sido engañada con un velo que impidió su desarrollo adecuado y lo único que ha aprendido hasta ahora es sobre la sumisión y humillación. Que su paladar se deleite con la comida, igual trato habrán de recibir sus otros sentidos cuando contemple por brevedad lo que puede brindar una tierra que desborda verdadera vida.

Pasado un lapso considerable de casi una hora, he empezado a hacer los preparativos para un paseo simple, con un poco de nerviosismo implícito en mi actuar dado que estoy a punto de proceder en un pasatiempo al cual no tengo costumbre. Sentí el sonido de la nada haciendo eco en los pasillos, el resultado de mi ciclo de marcha en círculos que se confunde con la impaciencia o la indecisión de un artista antes del primer acto de la obra.

Ah... Y ahí la siento aproximarse. No puedo saber si esta doncella viste el atuendo que le fue cedido, y no ha de importarme si no. A pie de la escalera la espero, y con una reverencia le cedo mi mano, con la finura necesaria para hacerla entender que mi intención es dar la mejor de las impresiones, en representación a todo este poblado. La conduzco a la salida, que por igual es la entrada a mi recinto... Y sin dar más palabras que una sonrisa, retiro el sello del pomo con un toque de mi dedo, por consecuente haciendo que la puerta ceda por si sola y revele lo que detrás de ella se encuentra. - Contempla, doncella. Avanza con tranquilidad, el mundo exterior abraza a los que caminan firme. - La grandeza de Kil'Daggoth se puede apreciar en el misticismo que tan solo sus calles poseen. En especial esta mansión, que representa mi bastión, carga con energías capaces de embelesar hadas y de repeler a los muertos. La vida se puede apreciar con tomar un suspiro, la magia del aire abunda en cantidades y se tornan como corrientes de puro esplendor y salud.

- Caminemos, doncella. Nos detendremos si requieres descanso, y llamaré a un transporte si tu deseo es retornar a este punto con total comodidad. He de insistir antes de ello, que deambulemos por los alrededores y nos acerquemos a aquello que llame tu atención. Aprovecha, María, de que posees una vista que puede apreciar todo esto... - Con un ademan de mi diestra en señal de avanzar, inicio la caminata con la consideración de mantener mi paso a la par del de ella, tomando en cuenta la diferencia de estaturas, vestuario, y la innegable convalecencia que puede padecer al ser la primera vez que se aventura fuera de los límites de mis dominios. - Tampoco ocultes tu opinión, doncella. ¿Qué te hace pensar esta primera visión? ¿Que puede captar tu interés? - Tal como un escolta, un guardián que busca su bienestar, vigilo sus pasos y el color que emana su brillante aura. Siempre cerca de ella para brindarle compañía, no dejarla caer en el abandono...

No permitirle ser una errante como cuando la hallé entre las ruinas del orgullo...
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