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Calad'Meeth

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Calad'Meeth

Mensaje por False King el Sáb Abr 19, 2014 4:32 pm

Calad’Meeth

Vive con honor, muere con orgullo.



Hace 500 años, cuando el mundo consideraba que la inocencia era una joya, y que la devoción era una necesidad más allá de la simple lealtad, Calad’Hom era una nación dividida por varios jefes y clérigos cuya religión tenía el fundamento de “Cuanto mucho sacrifiques, favorecido con la mitad serás por los cielos”. Así había sido desde hace más de un milenio.

La adoración al cielo como una entidad suprema era la base de su existencia, y por el cual era mucho más importante la secta que tuviese mayor número de sacerdotisas, en lugar de la que controlase un ejército superior. El Patriarca que lograse juntar una congregación mayor de seguidores, y de jóvenes vírgenes ofrecidas al servicio eterno del sol y la luna, sería el que por ley podría expandir sus territorios, en nombre del mandato divino. Los soldados serían tan solo meros guardias de los “Hombres de fe”, y cuidadores de las niñas en procesos de iniciación para ser parte de su correspondiente clero. No solo los beneficios de ser parte de estos grupos se medían en poder y riquezas, sino también en la facultad de tener mucha longevidad y eterna juventud.

El Clero del Sol, con los rituales más grandiosos y las danzas más elegantes, debido a su gran número de sacerdotisas.

El Clero de la Luna, con las doncellas más jóvenes, al ser los que iniciarán a sus vírgenes desde muy niñas.

El Clero de la Lluvia, con las instalaciones más artísticas, y cuyos mandatarios superan en cantidad a los de otras sectas, al ser los más ancianos de todos.

El Clero de la Nube, los más pequeños en cuanto a territorio, pero con el ejército más prominente, los cuales pocos intentarían desafiar.

El Clero de la Tormenta, con el Patriarca más joven de todos, pero que misteriosamente ha recibido mayores favores de los cielos, cosa que demuestra con sus grandes riquezas y su flamante ejército.


Por siglos las tradiciones han sido lo vital de la convivencia, y aunque las guerras siempre se desataban entre sectas por el mayor control de sacerdotisas, era parte de su forma de vida. Siempre fue así, desde épocas demasiado anteriores a las que vivían.

Todo habría de cambiar cuando sucedió el Cataclismo, y el mundo se fracturó dividiendo el continente. La llegada del Nexo no fue el mayor de sus problemas, sino lo que lo mismo conllevó.

Las sectas no tenían ninguna prohibición a la hora de admitir doncellas de varias razas, pero con la llegada de las criaturas monstruosas del Nexo y la imposibilidad de los seres celestiales de retornar a sus mundos fuera de la tierra, la avaricia de los Patriarcas se hizo mayor y buscaron controlar incluso a lo que no debe ser domado.

Tal vez fue eso lo que hizo que uno de los soldados del Sol se levantase, solo… O eso pensaron todos.

Alantius Hazeroth se levantó contra todo por una mujer.

La fractura del mundo no solo trajo a monstruos de otro lugar, sino también a la llamada Fuerza del Caos que todos los sabios en Calad’Hom prohibieron usar. Era algo corrupto, destructivo y viciado, queriendo ocultar que en verdad le temían porque colocaba en riesgo a la fe que ellos construyeron con la magia común y los rezos a sus deidades. Alantius Hazeroth decidió no escuchar a nada de eso, y vio más lejos de lo que las palabras de los ancianos y Patriarcas de las sectas ordenaban, y fue el primero de toda la población, y de las Cinco Ordenes del Cielo, en aceptar al Caos.

Al principio no sintió nada, ni la menor diferencia. Solo entendió que no debía detenerse por nada, y reclamar su primera y más grande victoria: Alanis.

Con un puñado de hombres que no sobrepasaban ni siquiera los cincuenta, convencidos de que el mundo estaba cambiando demasiado como para seguir atascados en tradiciones esclavistas que cercenaban el futuro de muchas jóvenes, y centralizaban el poder entre guerras de sectas y aldeas, se rebelaron contra la secta del Sol, la casta que servían, y raptaron a todas las doncellas que durante años esperaban ese exacto día para terminar su iniciación.

Perseguidos habían sido por los soldados aun leales a la Orden y sus ancianos, pero llegaron demasiado tarde para reclamar de vuelta a las jóvenes: Ya no les servían de nada, al no ser ya doncellas.

Imbuidas con el poder del Caos, las frágiles muchachas se habían convertido en excelsas combatientes, que junto con los soldados rebeldes hicieron retroceder a un ejército de más de mil hombres normales y ancianos hechiceros, gracias a los poderes que recibieron por aceptar a la fuerza venida de otro lugar. Alantius entendió la razón de no haber sentido nada en un principio, y es porque el Caos solo responde a los que quieren lograr un objetivo, sin importar cuál sea.

Aniquilando poco después a la Secta del Sol, Alantius se erigió frente a todos, con una espada en una mano y Alanis debajo de su otro brazo, que su ley iba a ser diferente a cualquier tradición y creencia que tuvieran en esas tierras. A partir de ese día, El Rey Falso fue el título que le dieron de forma despectiva por querer blasfemar contra la tradición. Para sus seguidores era una marca de victoria, ya que solo sus enemigos podían atacarle con insultos como ese.

Alanis, libre de cualquier destino de sumisión y ofrecimiento para fortalecer a cualquier cónclave, se despojó de sus túnicas y joyas estorbosas para vestirse con malla, placas y cuero, y autoproclamarse La Reina Verdadera, la cual habrá de gritar la verdad de su nueva creencia. Las espadas de sus seguidores cayeron a sus pies, y de rodillas todos levantaron su diestra a los nuevos mandatarios del futuro.

Las cuatro Sectas restantes eligieron formar treguas para hacer frente a los recién conformados Herejes, y usaron a varios entes de otras razas para hacer frente a los rebeldes y aplastarlos. Sus guerras fueron tan largas y de magnitudes tan superiores, que duraron siglos en poder concluir. Toda oposición de los conservadores se debilitaba gradualmente, a medida que surgían más seguidores a la causa del Rey Falso y la Reina Verdadera. Con cada batalla se fortalecían, consumiendo las Almas de los caídos, al igual que sus soldados crecían en poder gracias a ello también. Aterrados ante el prospecto de derrota, los Patriarcas eligieron consumir la carne, sangre y esencias de muchos seres celestiales, prolongando más sus resistencias y las de sus ejércitos, permitiéndoles continuar luchando por un tiempo.

Una a una las sectas fueron siendo derrotadas, y Calad’Hom unificada bajo una bandera sostenida por toda clase de seres. Monstruos o no, vieron crecer de forma majestuosa al Rey y la Reina.

Él, que se hizo cada vez más silencioso, y ocultaba su rostro siempre bajo su casco de batalla, pero no por eso perdió ni un poco el respeto hacia la gente que le siguió en su locura.

Ella, que cada vez se volvió más hermosa, su cabello se descoló y sus ojos brillaron con un verde ultraterreno, se hizo más inteligente y demasiado perspicaz, misericordiosa y cruel a la vez.

Renombraron a la unificada tierra Calad’Meeth, y que nunca más haya una mancha del pasado.

“El Caos es la Voluntad. Solo pueden controlarte, si les dejas.”


****


Luego de que los años transcurriesen, y la imagen de los reyes fuera comparable a Deidades Vivientes de la batalla, una nueva oposición surgió.

Los reinos del continente vecino vieron al Caos como una fuerza similar a la maldad pura, sin entender que el Caos en realidad es lo que sus usuarios desean que sea: El Caos es libertad, el Caos es voluntad.

Los reinos del Oeste, siendo Calad’Meeth, Kil’Daggoth y Miryathir, comprendieron que los reinos al Otro Lado del Mar harían lo que fuera, apegándose a los dioses del mundo y a la voluntad del planeta, para viajar a través del Nexo y poder llegar inmediatamente desde el continente vecino hasta las murallas de sus tierras construidas por la aceptación y comprensión del Caos; no podían dejar que eso ocurriese.

Para impedir los rituales de los conservadores y evitar de una vez sus ridículas amenazas, los tres reinos del oeste unieron sus fuerzas bajo el tratado de las ofrendas anuales, y llevaron a sus ejércitos hasta el continente del este viajando a través del Nexo, el cual resumió un viaje de meses y años por el mar, en tan solo horas de desplazamiento por esa extraña dimensión que conectaba al mundo.

Calad’Meeth personalmente se encargó de aplastar el Reino de Gard, el cual era el más grande y con mayor cantidad de seres mitad bestia. Sin embargo, incluso con formidables y feroces criaturas, entre humanas y monstruosas, no pudieron detener a la fuerza de los soldados y caballeros de todo un reino fortalecido por el Caos.

El Rey del Invierno y sus armadas de salvajes y bárbaros resultaron no ser suficientes a la hora de combatir a los caballeros y guerreros de Calad’Meeth, resultando en una masacre, un exterminio, y la muerte del monarca supremo de esas tierras congeladas.

Calad’Meeth arrasó con Gard en tan solo dos meses.

Al momento en que la Reina alzó una bandera que clavó en la espalda del cadáver del caído regente de Gard, luego de que el Rey falso le decapitara y colocara su cabeza sobre la pica del mástil, inició el retorno a su reino en el Oeste del Mundo, volviendo a través del Nexo victoriosos, y dejando calamidad y nieve de color roja a sus espaldas.

“Que esta humillación sirva de ejemplo. El Caos es Fortaleza.”



Detalles a tener en cuenta:

- Calad'Meeth es el reino que a la vista se ve más radiante. Es el reino con menor cantidad de pobreza, y con una población que en su mayoría es capaz de enfrentarse a todo peligro. Su gente es fuerte, manteniendo una reputación de guerreros sin importar que no sean soldados.

- Aparte de ser un reino dedicado a las artes de la guerra, es también una nación orgullosa por sus otras artes. Tanto en las artes escénicas como en las artes plásticas, demuestran ser la vanguardia.

- Poseen el ejercito más grande.

- En el Altar a los Dioses Vivientes, es posible encontrar una congregación de caballeros llamados "Templarios", que se encargan de proporcionar seguridad y realzar la fe y moral de quienes acuden a ellos. Protegen a los que buscan asistencia y guían en situaciones de debilidad espiritual por medio de enseñanzas basadas en la experiencia y la convicción propia.

- Su tributo anual solicitado es un hombre y una mujer, ambos jóvenes, de Kil'Daggoth y Miryathir. Ya es elección de esos reinos cual enviaran ellos, si a un chico o una chica, pero nunca el tributo pueden ser dos del mismo sexo. La finalidad de esto es convertirlos en la guardia personal de los reyes, por tanto deben ser de edades relativas a la adolescencia.

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