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Tratando de reinsertarse (Privado: Shi Tsu)

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Tratando de reinsertarse (Privado: Shi Tsu)

Mensaje por Haen Denah el Dom Ago 03, 2014 10:49 pm

A pesar de haber pasado muchos años desde que Haen no pisaba su tierra natal, las estructuras eran iguales al igual que las calles, o quizá él había olvidado como eran realmente. Las personas no podían evitar observarlo cuando pasaban a su lado, vestía de manera distinta a los demás, llamando la atención por su vestimenta blanca y su cabello color magenta, algo a lo que no se tenía muy acostumbrado a ver. Aun Zir’Cenih mantenía ese misterio que a Haen siempre le gustó, cosa que no poseían los reinos de Miryathir y Calad’Meeth. Buscando instaurarse nuevamente después del acontecimiento que creo en su momento,  pensaba encontrar trabajo, algo sencillo y que no requiriera de mucho esfuerzo, quizá pedidos y encargos. En ese sitio donde abundaban las tabernas y comercios, debería de haber alguien que necesitará ayuda en algo, y Haen estaba dispuesto a darla.

Entró en la primera taberna que sus ojos vieron, abrió la puerta de entrada con lentitud e ingresó. Desde el primer momento sentía como lo observaban los que estaban sentándoos en las mesas, y también detrás de la barra, pero a esto no le dio importancia, avanzó como si nada estuviera pasando y se sentó en una silla de madera cercana a la barra. Uno de los hombres que estaba detrás se le acercó, manteniendo la distancia y le preguntó que iba a querer.

—Una bebida dulce —dijo con un tono tranquilo y el trabajador se dio la vuelta a los pocos segundos le entregó su pedido. Le dio un pequeño sorbo y una sonrisa de satisfacción se formó en su rostro, en señal de que le gustaba. Se levantó de donde estaba al ver como un grupo de personas jugaban, se acercó y observaba el juego de cartas, estuvo un rato viéndolos y uno de los jugadores perdió y se enojó, golpeando la con el puño fuertemente contra la mesa, maldiciendo, fijando la mirada en Haen.
—Es por tú culpa —dijo el jugador frustrado, era más fácil echar la culpa a los demás que admitir el error de uno, o quizá era por el color de cabello que tenía Haen, ya que se consideraba de mala suerte. Los que estaban cercanos al jugador furioso murmuraban entre ellos.
—No es cierto —respondió serenamente Haen mientra le daba otro trago a su bebida, el hombre enojado se levantó de donde estaba y empujo al pelirrojo, pero no lo suficiente como para que se caiga.
—¡Vete de aquí! —ordenó el jugador manteniendo una actitud temeraria, pero Haen no se inmutaba por eso. Por unos segundos se le vino a la mente cuando él, siendo más pequeño, era apartado por sus propios compañeros de clase por su aspecto, parece que lo perseguía aun hasta el día de hoy. Haen pensó en varias formas de solucionar esto, pero prefería no usar la violencia, otra vez en la prisión por una matanza no estaría.

De pronto los que estaban en la taberna se unieron con el jugador, como si pensaran lo mismo y con distintas palabras le decían al pelirrojo que se retirara del sitio. Dos segundos más tarde empezaron a tirarle platos, cubiertos, tarros y otros objetos que tenían al alcance, mientras otros querían atraparlo entre sus manos. Pero Haen se las arreglo para que no lo atraparan, soltando la jarra donde aun le quedaba de su bebida, llevando sus manos para cubrir su rostro y salir de allí. Con la velocidad a la que corría, no hizo falta abrir la puerta de entrada, no vio con lo que se tropezó, cayendo al piso rápidamente y, una vez fuera, bajo las manos. Se vio las manos, las cuales recibieron el impacto de los objetos, las tenía rojas, no sangraba pero puede que le quedar algún moretón al otro día. Pudo haberse defendido, con el anillo que portaba en el cuello pero no lo veía necesario.

—¡No vuelvas! —le gritó uno de los que estaba adentro y cerró la puerta con fuerza. Haen se reincorporó normalmente, sacudió el polvo de tierra que tenía en su vestimenta e hizo un largo suspiro. La gente a su alrededor lo miraba atentamente.
—Vuelvan a sus asuntos, aquí no ha pasado nada —dijo el pelirrojo agitando sus manos, que se quedó a un costado de la calle para dejar pasar a los transeúntes, se refregaba las manos, mientras pensaba a donde ir a buscar trabajo.
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